Por Félix Cortés Camarillo

A veces escucho las más disparatadas explicaciones de la apasionada relación afectiva entre el presidente López y su gurú médico, inmunólogo supremo, el doctor Hugo López-Gatell.

Ya estamos acostumbrados, en los dos años que llevamos de pandemia, cinco millones de contagios y medio millón de muertos, hemos presenciado sin chistar el trato elogioso y preferencial que recibe este señor, trato que no han recibido ni siquiera personajes tan distinguidos en las preferencias de Andrés Manuel López Obrador, como por ejemplo la gobernante de la capital de la república. De manera especial el trato privilegiado en manifestaciones públicas.

Diez meses dejó correr el presidente López para hacerle una visita a Joseph Biden, su igual en los Estados Unidos. Su encuentro con Donald Trump en busca de la reelección se dio en cuanto fue requerido por la Casa Blanca. Cuestión de afinidades y admiraciones.

La comitiva del austero presidente López para su encuentro con Biden fue ciertamente austera. Inevitablemente viajaron el canciller Ebrard y el director para América del Norte de la SRE, Roberto Velasco, Tatiana Clouthier, secretaria de Economía. Después de todo, el motivo del viaje era la ratificación del tratado de libre comercio entre Canadá, México y los Estados Unidos, y el premio mayor: el Dr. Hugo López-Gatell, que no tenía nada que hacer entre los Big Leaguers.

Tuvimos que esperar meses para enterarnos: el doctor Muerte, como se le dice entre el populacho, fue a Washington para presumirle al gobierno gringo de su eminencia; seguramente de su sapiencia podrían exprimir medidas para combatir al mal.

El miércoles en la mañanera, el presidente abundó en el asunto: no se trata solamente de los conocimientos científicos del médico. También maneja el verbo. Dijo el presidente López en apasionada exégesis de su funcionario favorito: “…tenemos un experto, pero además con la capacidad intelectual y expositivo de Hugo… porque puede haber hasta mejores, los hay en el Gobierno, científicos, especialistas, pero ¿cómo explican? Y en una pandemia que tiene que ver con todos, lo fundamental es la comunicación”. Andrés Manuel fue preciso en su crítica a los adversarios del subsecretario: querían agarrar un pollito, pero les resultó gallo.

Para que nos vayamos entendiendo, ciencia mata carita, verbo mata ciencia. Que todos aprendan que lo que se necesita para acabar con este mal es un buen merolico, para quien el presidente López no sólo pide que cesen las descalificaciones de Hugo, sino que se le otorgue un reconocimiento a su trabajo. Un reconocimiento mundial. No lo dijo él, pero poco le faltó: ¿qué tal el Premio Nobel?

No me sorprendería que Hugo López-Gatell resurja de este galimatías presidencial con una posición de mayor rango en el gabinete. Igualmente los corifeítos que tiene el pollito feliz le pueden hablar al oído como las brujas de Macbeth: tú serás rey. Háganse a un lado Marcelo, Claudia, Adán, y los que se atraviesen.

Desde luego, el asunto es más sencillo. En resumidas cuentas, hay un proceso iniciado en contra de López-Gatell como responsable de los muertos por Covid en México por omisión de responsabilidades y por mal ejercicio de funciones.

Y todos sabemos, y el presidente López lo reconoce, su héroe favorito no se manda solo. La responsabilidad corre hacia arriba. Oritegiendo a Hugo, el presidente se cuida las espaldas.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿Está usted todavía a tiempo para modificar la reforma energética, o nos peleamos con los Estados Unidos? No son Panamá, ¿eh? Además de dignidad tienen poder.

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