Por Félix Cortés Camarillo

Primero nos receta el acertijo insoluble del ser o no ser. Y cuando debiera desarrollarlo en respuesta sólida nos la pone más difícil: “¿qué es mejor para el alma? ¿Sufrir golpes y dardos de la insultante Fortuna o levantarse en armas contra el océano del mal y oponerse a él para que así cesen?”  Y por ahí se va. Que si dormir o morir. Morir, dormir. Tal vez soñar.

Si no la dominas no la fumes. Pásala pa´ndar iguales.

Varios miembros de mi familia consideran, por razones ignotas, que yo le entiendo al cochinero ese de la revocación de mandato. Y creen que porque yo conozco de que lado masca su iguana a la hora de estar a favor del presidente López o en contra de la cuarta simulación, les puedo orientar sobre la decisión de acudir o no a las urnas en la dichosa revorratificación del presidente en Palacio y en qué sentido emitir su voto.

Yo no tengo ni méndiga idea. Lo único que me queda claro es que esa marrullería es innecesaria, inútil y onerosa. A propósito de la campaña cotidiana del presidente López en contra de los medios y los periodistas, uno tiene que recordar a las tres condiciones que Sócrates establece para la difusión de un chisme. Dice que tiene que ser cierto, bueno y útil: verificar su origen, calificar su intención y considerar el beneficio que pueda aportar.

 Cuando un evento es innecesario, inútil y oneroso, reúne las tres condiciones para ser considerado un trinquete político.

El otro día leí lo que Beatriz Pagés Rebollar escribió sobre este plebiscito. Según entendí, si vamos a votar gana López Obrador; si no vamos a votar, gana también. Si votamos porque se quede, estaremos favoreciendo la permanencia en reelección o “legado”. Si votamos porque se vaya, será culpa del INE y sus trastupijes.

Tú quieres que me coma el león, dijo el del chiste. Pinche Hamlet.

Lo peor del asunto es que nadie puede discutir en principio la bondad de la revocación de mandato. Es un elemento necesario en las democracias, que se practica de formas diversas. En las democracias parlamentarias, como la del Reino Unido, el partido que tiene la mayoría pone y quita a los primeros ministros, pregúntenle cuando lo vean a Winston Churchill. En los Estados Unidos no existe la figura, pero el poder ejecutivo está agarrado de sus partes nobles por el legislativo. Por eso Donald Trump y sus montañeses del otro Álamo se lanzaron el seis de enero del año pasado a tomar el Capitolio para que Biden no llegara el poder.

En el simulacro de democracia que mi generación ha tardado tanto tiempo en edificar en México, conservando el poder imperial del presidente, la revocación es un instrumento inservible, cuando el Ejecutivo -por el camino de la descalificación a priori del árbitro, esto es el INE, o por la reducción de sus recursos para hacer las cosas bien- tiene asegurado que el sufragio le favorezca, como dice Beatriz.

Yo no estoy sugiriendo nada. Personalmente, acudiré a votar en favor de que el presidente cumpla con el mandato de ley que le dieron muchos mexicanos de ser presidente hasta el 2024. Ni un día más. Lo haré porque no quiero pensar que mi voto sea usado por otros en mi nombre.

Pero en realidad, no estoy seguro de nada. Como diría la clásica de la tele: ¡que pase el desgraciado de Shakespeare!

“¿Quién soportaría los ultrajes y desdenes del mundo, los agravios del opresor, las afrentas del soberbio, … la tardanza de la ley, las insolencias del poder y los desdenes que el paciente mérito recibe del hombre indigno?…¿Quién querría llevar tales cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa sino fuera por temor…temor que desconcierta nuestra voluntad y nos hace soportar los males que nos afligen antes de lanzarnos a otros que desconocemos…?”

En eso entra Ofelia y todo se va al carajo.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): La difusión de las mañaneras, propaganda abierta del partido en el poder es una abierta y cínica violación de la ley. Punto.

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