Por Félix Cortés Camarillo

No voy a emitir aquí una opinión sobre la más reciente y una de las más burdas barbaridades del presidente López. Esto solamente quiere ser una disculpa pública a todos los españoles y a todos los mexicanos por la “pausa” dispuesta unilateral e injustificadamente por Andrés Manuel López Obrador a las relaciones entre México y España.

Con todo derecho, hay que decirlo: el presidente de México tiene la facultad de fijar la esencia y el tono de la política exterior mexicana. Pero en esta dictablanda que padecemos, esta monarquía sin rey permite a López dictar también la política interior, la económica, de seguridad, sanidad y todas las demás.

Pero la Constitución es explícita en la fracción décima de su artículo 89, que establece las facultades del presidente de la República: “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, así como terminar, denunciar, suspender, modificar, enmendar, retirar, reservar y formular declaraciones interpretativas sobre los mismos….”

Claro que todo ello bajo la supervisión de la Cámara de Senadores. Hasta el momento en que escribo esto ni uno solo de los senadores se ha pronunciado en contra del patinaje artístico del presidente López sobre el hielo internacional. Como dicen los chavos, si ya saben cómo soy, ¿pa´que me invitan? ¿No votaron por él?

La relación entre España y México está más cerca de Agustín Lara y va mucho más allá de lo que nos enseñaron en la escuela y del concepto de la madre patria. Los habitantes de la República Democrática del Congo no tienen relación afectiva –ni de rencor ni de gratitud– hacia la Bélgica de la que fueron colonia y del rey Leopoldo quien era dueño único de su territorio. Los Estados Unidos y Gran Bretaña son dos países independientes y desvinculados a pesar de que hablan el mismo idioma y tienen lazos de origen.

Los países de América Latina, tal vez excepción hecha de Cuba por causas étnicas, ven en España un segmento de su historia lejana, un país distinto y un pueblo diferente aunque forme parte de los varios factores de su mestizaje. El chiste cruel dice que los humanos descienden del mono y los argentinos de los barcos: en el cono sur, la verdadera brutalidad de la Conquista, que no asimiló sino mató a los incas, calchaquíes, guaraníes y a los de las tribus henia y kamiare (conocidos estos últimos como los comechingones) redujo considerablemente la presencia de sus aborígenes en la etnia actual.

Con México la cosa es distinta. No nos dejemos engañar por los historiadores favoritos de la señora Gutiérrez Müeller, que inevitablemente le habla al oído a su esposo el presidente López.

México no fue conquistado por los españoles: fueron los indios mexicanos, de los diferentes pueblos del altiplano, sojuzgados, explotados y maltratados por los aztecas, los que vieron en los hombres barbados el aliado que necesitaban, por la ventaja tecnológica que aportaban (caballos, acero y pólvora) para liberarse. Y luego, la bendita lascivia.

Los españoles de 1521 en adelante no mataron a nuestras mujeres, que eran obvia y documentadamente bellas. Simple y llanamente se las cogieron, dando origen a un mestizaje que nos enorgullece a los mexicanos. Esa es la raíz que nos hizo celebrar, antes de estos innovadores históricos que encabeza el presidente López, el día de la raza, que se fue con la estatua de Colón con su música a otra parte.

A esperar nuevos tiempos, porque ya presiente Andrés Manuel que él no es eterno. Algún diagnóstico clínico por ahí inspiró al presidente López a advertirnos que nos tenemos que esperar a que él se vaya para remendar este entuerto con España. Sin duda, así será. Esto es una tontería que no puede durar.

Mientras tanto, yo le pido perdón a los españoles y a los mexicanos todos, por este chusco desaguisado, que no tiene otro objetivo que el que los mexicanos no nos demos cuenta del hoyo en que un nieto de cantábricos nos ha metido en los últimos tres años.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿En donde se adquiere la desfachatez lambiscona del gobernador de Veracruz que pretende imitarlo, señor presidente, hasta la náusea?

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