Por Félix Cortés Camarillo

Ayer me despertó Bertha con la noticia de que un grupo de vándalos, supuestamente de la Coordinadora del Sindicato de Maestros, provocados, azuzados y no dudo de que pagados por alguien, irrumpió en Oaxaca al sitio donde se iba a celebrar la boda de una pareja, haciendo destrozos, lanzando insultos y obligando a los novios a irse con su boda a otra parte. Resulta que la novia en este enlace era la señora Elba Esther Gordillo, durante muchos decenios lideresa del sindicato magisterial.

El sitio sufrió daños; por suerte no hubo lesiones, pero allí quedó una muestra patética que documenta la aseveración frecuente del presidente López sobre la indestructible cultura, madurez y civilidad del pueblo bueno que, según él, le sigue con fervor.

Independientemente de la novia -que luego bailó mejor que yo en mi boda- no tiene madre ese pueblo.

Hemos pasado hasta ayer la mayor parte de nuestro tiempo cavilando sobre la hábil maniobra de Andrés Manuel para mantenernos distraídos de los asuntos importantes de México, como la crisis de salud, seguridad, economía y bienestar, que nos trae jodidos, divertidos con fuegos fatuos que van desde la pausa en las relaciones con España a los ingresos lícitos de Carlos Loret de Mola, pasando por la feroz defensa de López-Gatell, la condena a los periodistas que no sean sus jilgueros, el cotidiano rediseño del Tren Maya, la descalificación del Instituto Nacional Electoral -su próximo objetivo a desmantelar- las denuncias por las “caras” energías limpias de Ibedrola y una larga lista de etcéteras que todos conocemos. Un ejercicio de diversión que se reanuda esta mañanera de lunes.

El resto del tiempo lo hemos dedicado a preocuparnos por el juego de gatos y ratones que es la inmediata o no invasión de Ucrania por parte de Rusia. Que llevaría a un conflicto mayor y al desabasto de gas en Europa Occidental que por Ucrania pasa.
Olivándonos de las cosas realmente importantes. Como el amor.

El motor que mueve al ser humano en todos los ámbitos, y que al contrario de lo que nos dicen los mercaderes hoy día de San Valentín, no reside en el corazón sino en la química cerebral, por donde navegan la dopamina, la vasopresina, estrógenos, testosterona y principalmente oxitocina. Un tema que mis amigos de toda la vida pusieron sobre la mesa en el desayuno de los viernes.

Dicen que los científicos reconocen tres etapas del amor: la lascivia, que es mero impulso breve de la hormona, la obsesión romántica, que suele durar más y el enlace permanente, que cuando se presenta termina con la viudez.

La lascivia es la cachondez playera que comienza en la cama y puede durar incluso meses o años enteros; la obsesión romántica va más allá y seguramente robustece las relaciones. Se ubica en la recámara, la sala y el comedor. El enlace permanente se sienta en la mecedora pero ha recorrido todas los papeles que en esto del amor nos asigna la vida: de conocidos, amigos, novios, esposos, amantes, cómplices, hermanos, consuelos, padres, solidarios, madres, y tantas cosas más.

Les juro que el amor es más importante que estar con Obrador. Bertha, te amo.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Y si Palazuelos se inscribe en Morena ¿lo manda de embajador a Madrid?

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