Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El hombre descontento no encuentra silla cómoda.” // Benjamin Franklin

Sentado en una de mis cuatro viejas sillas “Malinche”, las cuales recuperé luego de mucho batallar junto con una mesa de madera con capa superior de fórmica, especial para el dominó, volví a llegar a la conclusión de que los tiempos modernos imponen el ser “políticamente correcto” por encima de hacer simplemente lo correcto.

Esas sillas, orgullo regiomontano y que aún podemos disfrutar en «El Indio Azteca» y que igual existían en “La Nacional” de Calzada Madero que hubo de cerrar gracias a la inseguridad, formaron parte de muchísimos lugares en la región. Hoy “Malinche”, la fábrica de sillas y mecedoras, ha resurgido de sus cenizas y vuelve a ofrecer su icónica silla “N° 10”, la misma de los bares y cantinas o los bailes y salones de fiestas, pero hoy hay que esperar de dos a cuatro semanas para que te la entreguen sobre pedido y su precio es de siete mil 700 pesos. Cuando me enteré no pude menos que pensar “tengo un tesoro”.

En esas estaba cuando por aproximación llegó a mi mente el malinchismo y con él reflexioné sobre la nueva tendencia entre los regiomontanos que mostrando su buen corazón ayudan a los migrantes para los que hay hoy empleos, escuelas y servicios.

Pero hay que decirlo, son más malinchistas que las sillas regiomontanas, porque durante décadas Monterrey ha sido un lugar al que día con día llegan cientos de migrantes, pero estos nacionales, que cansados de pasar hambre en sus lugares de origen buscan un mejor sitio en dónde vivir con sus familias y en los que puedan progresar.

Para ellos, los connacionales, no hay servicios, no hay empleos, no hay escuelas, no hay privilegios ni refugios, simplemente el desdén de una sociedad que prefiere voltear la mirada hacia otro lado, sobre todo si se trata de razas étnicas.

Y somos “raritos”, por decirlo de algún modo, porque cuando otros migrantes, los hondureños, nos invadieron buscando lo mismo que los haitianos, también nos hicimos tarugos, porque eran simplemente morenitos y no de color como los que hoy recibimos, porque no eran tantos, aunque sí fuesen también extranjeros.

Hoy agrupaciones, ONG’s y activistas se dedican por entero a ayudar a estas personas, lo cual no está mal, pero no se ofrece el mismo trato a quienes provienen de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Hidalgo o cualquier otra entidad de nuestro país.

Al final no se trata de ser chovinista o malinchista, porque todos, todos, son seres humanos, pero lo que no me parece correcto es que con unos la sociedad se vuelque por entero y a los otros sigamos haciendo como que no los vemos.

Y aquí sigo en mi silla “Malinche N° 10”, viendo pasar el tiempo.

ftijerin@rtvnews.com