Por Erika González Ehrlich

Como hemos comentado en múltiples ocasiones, la guerra híbrida o golpe blando es una estrategia desarrollada en todo el mundo, fundamentalmente por parte de las oligarquías, con la intención de restar fuerza a los proyectos progresistas y controlar los gobiernos, para hacerse de las riquezas de los países.

Se aplica en 3 ejes principales, cada uno de los cuales realiza acciones específicas con estrategias dirigidas cuidadosamente.
Por un lado los ataques se concentran en acciones jurídicas que buscan entorpecer el avance de actividades de la izquierda, incluyendo procesos judiciales orientados a intentar encarcelar a los líderes más visibles, como sucedió en Brasil con Lula Da Silva, donde la estrategia tuvo éxito.

Por otro lado promueven la inestabilidad social en las calles, aprovechando cualquier excusa para organizar grupos violentos que mediante sus acciones den la impresión a la sociedad de que existe un descontento generalizado que está a punto de hacer explosión, como ha sucedido en México con la participación de contingentes pagados en las marchas feministas, para agredir a las fuerzas del orden, buscando que se reaccione en forma represiva.

Sin embargo, el ingrediente fundamental de un golpe blando, que funciona como catalizador de los que ya mencionamos y los potencia en la percepción de la sociedad, es la estrategia mediática, que no solamente difunde las acciones de los otros dos ejes para magnificarlas, sino que opera por su lado coordinando a todos los medios de información convencionales, junto con otros no convencionales como las redes sociales, para lograr la impresión de corrupción y fracaso gubernamental, intentando debilitar la convicción de la sociedad en el apoyo a su gobierno o sus estructuras progresistas.

El objetivo final de la guerra híbrida es destruir la escala de valores de los ciudadanos; no implica sustituir los valores que tienen por otros, sino simplemente destruirlos, para crear confusión en las mentes de las personas, para que una vez que se encuentren en esta situación mental, puedan manipularlas. De esta forma, habiendo convertido a los ciudadanos en una especie de zombis desorientados, pueden manejarlos a su antojo y hacerse del poder para saquear los países, como sucedió en México durante los 40 años de neoliberalismo.

En México, desde la entrada del gobierno actual, se libra una batalla permanente con la oligarquía que aplica su estrategia utilizando todos los medios de información que están al alcance de su dinero para intentar crear esta confusión en la sociedad. Del otro lado, el gobierno diseñó la suya de información, que incluye el desmentido de noticias falsas y tergiversadas a través de sus propios canales instalados en las redes sociales.

A partir del 3er año de gobierno los movimientos de ataque y defensa de uno y otro lado se han intensificado sensiblemente, mientras el gobierno informa puntualmente sobre las acciones de avance de la transformación, la oligarquía se concentra en intentar sin éxito desprestigiar al presidente y a todos los que lo rodean, revelando ya una franca desesperación que ha logrado desenmascarar a los hipócritas, convirtiendo a los cínicos en sicarios informativos.

Hoy los ejércitos informativos de ambos bandos se encuentran en enfrentamiento intenso y permanente, como hemos podido darnos cuenta a través del sacrificio de Aristegui, haciendo todo lo posible para terminar con el poco prestigio que le quedaba, o del ataque apache de Lord Montajes, que prácticamente sin armas, fabrica bolas de lodo para aventarlas sobre el primer mandatario.

La respuesta del presidente a este última embestida, terminó por desnudar a los simuladores del bando de la oligarquía que todavía andaban ensarapados jugándole al amigo.

Como dice el escritor estadounidense Orson Scott Card: “Es imposible disfrazarse con una identidad sin convertirse en lo que se finge ser”.