Por Félix Cortés Camarillo

Tristes guerras

Si no es amor la empresa;
Tristes armas
Si no son las palabras;
Tristes hombres
Si no mueren de amores.

Miguel Hernández

Esta es la historia de la guerra que nunca fue, pero que todavía puede ser: vivimos el mundo del absurdo. Durante las últimas semanas hemos bailado la danza que nos marca el juego de declaraciones de Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania: Biden afirmando que la invasión de Ucrania por los rusos es inminente; Putin replicando todos los días que ni por un momento le pasó por la cabeza semejante estropicio a la paz mundial. Los dos mienten pero dicen verdad al mismo tiempo. Para entender la solución que a este rompecabezas le dio el muy inteligente de Vladimir Putin, hay que ir un poquito atrás y un mucho más cerca. El siglo diecinueve y la historia de México.

En 1835, pocos años antes de que por causas similares de abandono surgiera la segunda república de Yucatán, el territorio de Texas, parte entonces del estado de Coahuila-Texas, olvidado del centro mexicano y mejor colonizado por los norteamericanos vecinos, declaró su guerra de independencia. En la Batalla de San Jacinto la perdió ante Sam Houston, Antonio López de Santa Ana, cayendo preso en y firmando la independencia de los texanos. En 1845, Mariano Arista condujo y perdió la segunda campaña en Texas, que culminó en 1847 con la invasión gringa de México. Al año siguiente Texas independiente se anexó a la Unión Americana.

Con esa misma mecánica, Vladimir Putin acaba de reconocer como estados independientes a las llamadas repúblicas democráticas de Luhansk y Donetsk, de etnia rusa y ubicadas en el este de Ucrania aunque la ONU no esté de acuerdo con este movimiento. Desde la óptica rusa, entrar con sus tropas a territorio de repúblicas “amigas” no es invadir Ucrania: como dirían hace más de 175 años los gringos con Texas independiente.

Pero el asunto es la guerra.

Los seres humanos le tenemos un enorme temor a la Guerra y un temor menor a las guerras. La Guerra con mayúsculas nos asusta porque la experiencia histórica nos dice que acaba por afectar nuestras vidas y nuestras muertes. Las guerras chiquitas, especialmente si son lejanas, nos afectan menos. O así creemos.

El mundo no conoce un solo día de su historia en que no hubiese existido por lo menos un conflicto bélico en algún país del globo. Un solo día. En este momento hay más de 50 enfrentamientos bélicos en el mundo, que van desde la guerra civil de Yemen, donde participa Saudi Arabia, hasta el conflicto Mapuche, de unos aborígenes de ese nombre que disputan unos territorios en el norte de Chile y el oeste de Argentina. África y el Medio Oriente abundan en guerras, guerritas, guerrillas o la recién renacida Guerra del Donbás en Ucrania.

La guerra es un negocio importante en nuestro mundo. Las guerras chiquitas y lejanas duelen menos que el muerto en la esquina, aunque mi padre insistía en que los muertos que no hacen ruido tienen iguales penas que los otros. Yo sigo pensando, como Miguel Hernández, que las mejores armas deben ser las palabras.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, ya tiene usted un patito más para su galería de tiro al blanco. Al lado del INE, el INEGI, el INAI, la COFECO, Loret, la CONAPRED, Reforma, COFETEL, Claudio X, la prensa crítica y otros más que usted sueña en destruir, ahora está la Auditoría Superior de la Federación. Todos ellos coinciden en tener datos diferentes a los suyos. Especialmente en lo de la corrupción.

‎felixcortescama@gmail.com