Por Félix Cortés Camarillo

Ucrania es parte de nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad espiritual. // Vladimir Putin, 23 de febrero de 2022

Una palabra suena hoy en todos los tonos y diversas intensidades en el mundo: guerra. Tiene esa palabra meses, años, esperando su declinación, y con una orden la ha desatado Vladimir Putin, el zar de la Rusia actual, con la invasión de Ucrania. En este momento los bombardeos alrededor de Kiev, la capital, Odessa, su principal puerto y Jarkiv, su segunda ciudad en importancia, no cesan. Los civiles que no han logrado huir de las ciudades o del país, están refugiados en los túneles del metro. La decisión indudable de Valdimir Putin es tomar el control de la totalidad del territorio ucraniano y no quedarse en la asistencia de las repúblicas afines de Donetsk y Lugansk dentro de Ucrania.

Hoy debe pronunciarse sobre esta invasión el ente militar de Occidente, la OTAN, que es la Organización del Tratado del Atlántico Norte, pero yo no abrigo esperanzas: ayer, el presidente de los Estados Unidos, promotor y cabeza de ese organismo, fue muy claro en la tibieza de la respuesta de su país a la agresión. EE UU y el grupo de los siete países ricos no enviarán soldados a combatir en Ucrania y se han inclinado por las sanciones económicas. Mayor control de las exportaciones a Rusia, congelación local de los fondos de cuatro de los bancos rusos más importantes y una condena unánime. Es obvio que esas medidas le hacen a Putin lo que dicen que el viento le hacía a nuestro Juárez. 

Es mucho más importante lo que Rusia puede hacer a Occidente. Por lo pronto, la mera invasión ya afectó las actividades bursátiles, comenzando por la bolsa de Moscú. Pero también ha impulsado hacia arriba el precio del petróleo y el gas, que seguirá en esa tendencia. Y eso va a afectar en primer lugar a Europa Occidental, que se mueve con gas ruso que pasa por Ucrania. Estados Unidos, desde hace muchos años ha dedicado cavernas enormes y secretos como tanques de reserva de petróleo para cuando venga la guerra grandota,  y compra muy poco crudo a otros países; pero el mercado es global y cuando sube un precio sube para todos. Al final del día nos pegará en el precio de la gasolina importada que usamos en México. Aunque el presidente López afirme que estaba preparado para esto. Como estaba para la pandemia.

Ucrania es un país estratégico no solo por su ubicación entre Oriente y Occidente. La mejor tierra del mundo para el cultivo se llama tierra negra; en ruso chornozem y el 30% de esa tierra que hay en el mundo está ahí. Durante muchos años fue el granero de la URSS. Es el sexto país en producción de titanio, décimo en acero y noveno en uranio. En producción y venta de armas solamente están arriba de Ucrania cinco grandes: EE UU, Rusia, Francia, Alemania e Israel.

Eso le vale madre a Putin. Ayer argumentaba ante empresarios de su país que había sido obligado a hacer lo que hace, en su afán de “desnazificar” Ucrania. Un poco raro, porque se asume que el presidente Vlodimir Zelensky es judío.

Tampoco anhela Putin restablecer la Unión Soviética en sus fronteras. Él quiere volver a instaurar la Rusia Imperial, la que forjaron Pedro el Grande y Catalina, que llevaron a las tropas rusas hasta Polonia. Por eso nos tiene en ascuas sobre su próxima medida, su próxima expansión.

Faltaría saber qué dicen los chinos.

A pregunta expresa sobre ello, el presidente Joe Biden dijo que no tenía respuesta a ello por el momento. Me parece que ayer pudo perder las elecciones de 2024.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Muy bien, señor presidente, muy bien. Asumir una postura diferente a la condena de Rusia por lo de Ucrania, hubiera sido vergonzoso para México. ¿Le entregó una carta protesta el carnal Marcelo al embajador de todas las Rusias en la capital?

‎felixcortescama@gmail.com