Por Félix Cortés Camarillo

En la parte medular del nudo dramático de la película mexicana Roma, laureada en Hollywood, la historia se desprende de la bucólica narración de la vida de una indígena y su relación con la familia de clase media a la que sirve en las labores domésticas, para entrar a un tema que no había sido, que yo recuerde, abordado por el cine de ficción: el reclutamiento, preparación y uso por parte del gobierno, de grupos paramilitares para aplastar brutalmente toda disidencia.

            Por primera vez desde que lograron notoriedad por la matanza del jueves de Corpus de 1971, en donde se estima que murieron más de doscientos seres humanos, pudimos ver en la pantalla un campo de entrenamiento de los Halcones. Jóvenes empleados del sistema de transporte colectivo de la Ciudad de México, armados y disponibles para reprimir, principalmente a puñetazos y golpes de bastones, pero sin excluir las pistolas, las manifestaciones estudiantiles en su mayoría. Los halcones se llamaban originalmente “porros” y eran reclutados en las violentas porras de fanáticos seguidores de equipos deportivos. De ahí que “porro” se haya convertido en sinónimo de supuesto estudiante hecho pandillero golpeador.

            Gracias a la llegada de un argentino conocedor del paño, las porras de México mejoraron su organización delincuencial y cambiaron de nombre. Ahora se les llama como en Buenos Aires “barras”; barras bravas si son realmente brutales y violentas. De que lo son dieron prueba el sábado por la tarde en el estadio de La Corregidora de Querétaro, con el saldo de lesionados que todos conocemos y a la mayoría nos avergüenza.

            Hoy se estarán poniendo en práctica las sanciones a los presuntos responsables del desaguisado. Se ha de castigar a los dueños del estadio, eventualmente al equipo local de futbol. Se cancelaron presurosamente los partidos del domingo, de la misma pueril manera en que se pretende castigar a Vladimir Putin por su marranada en Ucrania, impidiendo que valiosos cantantes de ópera puedan dar muestra de su arte en Nueva York, o cerrándole las puertas de los juegos paralímpicos de Beijín, a los atletas rusos… ¡minusválidos!

            Me dicen que la proliferación democrática de los medios portátiles de comunicación, que ha convertido a cada ciudadano en un reportero, ha provisto a las autoridades con fotos abundantes de algunas de las bestias que repartieron golpes en el estadio. Hasta la hora de escribir estas líneas no había un solo detenido. Tampoco se ha dado un rastreo hacia los que reclutan, pagan, entrenan, y mandan a provocar desmanes a esta moderna versión de los halcones del jueves 10 de junio de 1971.  No puedo dejar pasar inadvertida la realidad de que el gobernador de Querétaro es de los pocos gobernadores que no provienen de Morena, eso que dicen es el partido político del presidente López.

            El presidente López, quien dice estar perfectamente enterado de lo que acontece en este país, debe haber recibido información de lo que presumiblemente ha de suceder esta tarde en la ciudad de México, con el repetido encargo de desacreditar a cualquier movimiento feminista que quiera denunciar la desatención que a las mujeres, sus causas y sus vidas ha dedicado el gobierno de la cuarta simulación. La versión femenina de los Halcones volverá a aparecer encapuchada y bien provista de herramientas de destrucción, sopletes, alicates y palos, causando daños y eventualmente víctimas, especialmente mujeres y periodistas. Objetivos favoritos de un régimen que ha tomado la prudente medida de aislar el Palacio Nacional y otros edificios del poder en el centro del país, con vallas aparentemente impenetrables.

            Sobre todo, estos halcones de uno u oro género estarán, como estuvieron el sábado los porros de Querétaro, provistos de impunidad.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): El cinismo de Vladimir Putin no tiene límites: patrocina los corredores de salvamento para que los civiles ucranios puedan huir de su invasión ¡a Rusia! Esperemos que el hombre que ha hecho de un comediante un líder no lo convierta, matándolo, en mártir.

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