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Por Félix Cortés Camarillo

No estoy cierto del título, pero creo que fue Grigori Aleksandrov el director de la primera película musical del cine soviético, en un mundo en el que Lenin entendió perfectamente -y Stalin siguió la escuela- de la importancia propagandística de la imagen. La cinta era una epopeya campirana, con música de Jachaturian sobre la alegría y el júbilo de los koljoses primitivos y sus habitantes, los muzhiks comenzando a disfrutar los beneficios del nuevo orden. Vi la cinta en el primer año de mi facultad, como parte del curso de cine.

            Tuve que recordarla en su bucólico blanco y negro, y reconocer el oficio de Epigmenio Ibarra en el cine de propaganda al ver su producto sobre el aeropuerto internacional Felipe Ángeles, una epopeya al sueño realizado con el trabajo tantas veces elogiado de los soldados mexicanos: la escuela es simple, y consiste en bordar con sencillez sobre una ilusión que a fuerza de repetirse en abstracto se convierte en realidad innegable.

            Yo desconozco el avance de las obras del aeropuerto nuevo en Santa Lucía que esta mañana de marzo 21 se inaugura porque se inaugura, esté como esté. No me cabe duda, sin embargo, que el capricho presidencial del aeropuerto se inaugura solamente en la fachada. Precisamente como las aldeas Potemkin se armaban a toda prisa antes de que Catalina la Grande pasara en la Rusia Zarista: aldeas falsas que ocultaban los fracasos y deficiencias, de la misma manera que lo siguieron haciendo en la URSS. Así como lo hicieron los poblados agradecidos al señor presidente de México por obras inexistentes. El aeropuerto Potemkin se inaugura incompleto, sin vialidades cómodas terminadas, sin la confianza del mundo internacional de la aviación, como si fuera el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, a poco más de la mitad del sexenio del presidente López.

            Todo el oropel que se derrame sobre las pistas del Felipe Ángeles ha perdido su lustre antes de esparcirse: la obra faraónica se inaugura en el momento de la peor crisis del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Una crisis interna de feroz pugna entre personeros de la más reconocida cercanía del presidente, todos repetidamente elogiados por su lealtad, probidad, eficiencia y afecto por López. Julio Scherer Ibarra, quien fuera desde el inicio del ejercicio de la cuarta simulación el consejero jurídico del presidente, ha denunciado lo que era un secreto a voces: las conspiraciones, golpes bajos, agresiones y un ambiente “extorsivo” en contra suyo por parte del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, en franca y activa complicidad con la presidente del Senado de la República Olga Sánchez Cordero, quien fuera durante el inicio del ejercicio actual secretaria de Gobernación.

            El detallado escrito publicado en la revista Proceso, fundada por el padre de Scherer Ibarra, da cuenta de falsas acusaciones, filtraciones, alianzas secretas y amenazas directas de tener un fiscal amigo o un fiscal enemigo, que le fueron hechas.

            Alejandro Gerz Manero, hasta la tarde del domingo, no había dado hecho comentario alguno sobre el documento. La señora Sánchez Cordero declinó inmediatamente tomarlo en cuenta, alegando la lealtad que debe al presidente López y a la cuarta simulación. Mismo argumento que esgrime Scherer para decir que “es tiempo de hablar”.

            Desde luego que es tiempo de hablar, y que en los últimos tiempos se han ventilado por un lado y el otro, al través de grabaciones ilegales de conversaciones telefónicas datos escandalosos. Por ejemplo, sobre la intención de manejar juicios de la Suprema Corte desde la fiscalía, o la enorme fortuna en dinero y lujosos bienes muebles e inmuebles en México y el extranjero de Gertz.

            Todo ello ante un telón cómplice detrás del que operan otros dos principales de ese primer círculo del poder: Santiago Nieto, quien fuera fiscal fiero de investigación fiscal y Pablo Gómez quien le sucedió en el cargo.

            Todo este circo deja al descubierto la innegable realidad de que el presidente López tiene el poder pero no tiene el control. Desde sus inicios, y bajo la falsedad de la unidad en torno al líder supremo, cada uno de los que han tenido acceso a un extremo de la sábana la ha jalado a su favor. Descubriendo a los demás. El presidente López anda volando muy bajo. Antes de engolosinarse cortando el cordón umbilical de su aeropuerto, debe poner orden en su gallinero. Quiero decir, su administración.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿Sigue siendo la receta perfecta la de 10% de capacidad y 90% de lealtad ciega? ¿Tons?

‎felixcortescama@gmail.com

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Vía / Autor:

// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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