Por Malthus Gamba

“¿Sabes cuál es tu problema, Ciro? Haces periodismo de oídas.”

Esta lapidaria frase de Epigmenio Ibarra, dentro del programa de Ciro Gómez Leyva, tiene un valor determinante y pone en evidencia, ante la audiencia que sigue la transmisión, a quien se dedica a calificar y descalificar, desde la comodidad del sillón mullido y el escritorio ejecutivo, sin haber tenido contacto directo con los hechos que aplaude o censura.

El tema que se debatía en esa emisión, tenía que ver con el último informe que rinde el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), sobre lo sucedido a los normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos desde el 2014.

¿Qué puede refutar Ciro Gómez Leyva a Epigmenio Ibarra sobre este caso? Absolutamente nada.

Epigmenio ha sido uno de los personajes públicos que no han cejado en su empeño para alcanzar la verdad, sobre la suerte que corrieron esos 49 estudiantes. La exigencia de claridad y verdad, ha sido permanente desde el 2014 y no se ha detenido hasta el día de hoy.

Epigmenio Ibarra conoce el asunto hasta donde le es posible a un ciudadano, estar enterado de los hechos. Para nadie es un secreto que durante la administración de Peña Nieto, el gobierno desplegó sus relaciones y poder, no buscando llegar a una verdad, que con seguridad traería consecuencias indeseables a los tres órdenes de gobierno. Se trató exclusivamente de un operativo puesto en marcha, para asegurar un correcto “control de daños”.

Se inventó una “Verdad Histórica”, que hacía recaer la culpa de la desaparición y posterior muerte de normalistas (dijeron), en la delincuencia organizada.

Esa “verdad” jamás dejó conformes a los familiares de los estudiantes, ni convenció a la sociedad de que se trataba del resultado de una investigación seria y confiable.

Lo que nos informa el GIEI hoy, reafirma la idea de que el caso Ayotzinapa debe ser considerado como un Delito de Estado. Hay videos y testimonios que evidencian la participación de elementos del Ejército y la Marina, en la detención de los jóvenes y en la manipulación de sitios y datos que tenían como fin reafirmar la “Verdad Histórica”. La autoridad sabía anticipadamente del secuestro que estaba por venir.

Ciro Gómez Leyva ha sido un defensor de esa “verdad” que hoy se cae a pedazos. Ya no es sostenible y el empeño por mantenerla viva, es otro ejemplo de la ridiculez de una clase conservadora, que se niega a reconocer errores, aunque las pruebas salten ante sus ojos.

Epigmenio sugirió a Ciro Gómez Leyva y a Carlos Marín, que pidieran o publicaran una disculpa, dirigida a sus audiencias, por el hecho de haber defendido durante años, una mentira que hoy es insostenible.

La molestia de Ciro es evidente y el video sobre este debate, corre en redes sociales. “No sé qué haya dicho Carlos Marín y el motivo por el que tuviera que pedir una disculpa. Pero yo, ¿por qué razón tendría que hacerlo?”

Ciro llama a una “persona de su equipo” intentando contar con un respaldo que pueda detener la andanada de verdad, que le pone delante un Epigmenio Ibarra tranquilo y bien documentado.

Ahí comienza a hablar sobre datos secundarios, como: “¿Cuántos soldados eran? ¿Cuántos testigos rindieron testimonio?”. Se nota que no puede sostener el debate y recurre al expediente de “romperle el ritmo” al adversario, sacando a colación información de segundo orden. En un momento determinado y cuando el calor del debate sube, Ciro Gómez señala que su información es correcta, porque viene de “su equipo” y que los datos de Epigmenio Ibarra son únicamente “opiniones personales” e “inferencias”.

Es ahí donde Epigmenio lanza la frase que señalamos al inicio de esta nota: “Tú haces periodismo de oídas”. Y esa frase queda ahí, ya sin importar el resto de la ríspida conversación. Solo agregaríamos que Ciro dio un salto en su cómodo sillón. Y ahí está el video.

¿Qué es el periodismo de oídas? Se trata del periodismo moderno, practicado por toda “Vaca Sagrada” que se respete. El periodismo que no camina, que no asiste, que no investiga, que no verifica, que no confronta. El periodismo cómodo en donde la información del día llega fresca al escritorio del “Lector de Noticias”.

Ese “Lector de Fama” que dice a su gente una semana, o un día antes: “quiero para tal fecha, una nota o un trabajo relacionado con tal tema”. Y el equipo se ocupa del resto. Conoce “la línea del jefe, o jefa” y ejecuta el trabajo de campo.

El Lector de Noticias de Fama, jamás tiene contacto directo con la realidad. Se atiene a la capacidad periodística de otros. De la gente de “su equipo”.

¿Por qué es importante este señalamiento de Epigmenio Ibarra?

Porque viene de una persona que ha practicado el periodismo como verdaderamente debe hacerse. Desde el sitio en que se genera la noticia. Desde el terreno donde se dan los hechos.

Epigmenio Ibarra ha sido corresponsal de guerra en varios países del mundo. Sabe lo que significan las palabras destrucción, dolor y muerte, porque ha tenido contacto directo con ellas. Su vida ha estado en riesgo, al filmar en vivo en zona de combate. Epigmenio practica un periodismo que mira, escucha, confirma, verifica y se forma opinión en base a datos que le constan de manera personal.

Ciro Gómez debe admitir en la entrevista que jamás estuvo en el terreno de los hechos, en lo que respecta al caso Ayotzinapa. Pero que “su equipo” sí estuvo ahí. Un asunto tan significativo para todo México, no ameritó una visita personal a Guerrero.

Y a pesar de eso, desde la comodidad del sillón, ubicado en la confortable oficina, tanto Ciro, como Carlos Marín, quien tampoco conoce el lugar de los hechos, defienden la “Verdad Histórica” de Murillo Karam y descalifican los argumentos del GIEI.

El “periodismo de oídas” es práctica permanente entre quienes se consideran “estrellas” de la comunicación. Vemos a Azucena Uresti, a López Dóriga, Loret de Mola, Aristegui, León Krauze, Riva Palacio, Brozo, Ciro y demás, leyendo las noticias que a otros les constan y que a ellos les llegan de “oídas” Ese periodismo caro, por los altos salarios que se pagan, es de poca calidad.

Y quienes se atreven a lanzar su opinión personal en base a hechos importantes que no les constan, en realidad engañan a sus audiencias.
“Las Vacas Sagradas” han perdido credibilidad debido a eso. Pero no entienden, o no les importa.

Mientras la desinformación y el montaje sean bien pagados, ellos seguirán rumiando los datos que “sus equipos”, les sirven a medio digerir. Ese periodismo está muriendo y será sepultado en su lujoso féretro. Son reliquias de un pasado ligado en mucho a la corrupción.