Por Zaira Eliette Espinosa

@zairaee

“La gente necesita arte en tiempos de crisis. Museos y salas de exposiciones deberían estar entre las primeras instituciones en reabrir”, Andras Szanto (sociólogo, ArtNET). 

En abril de 2021, la agencia de las Naciones Unidas dio a conocer el interés en el desarrollo de estudios y estrategias para lograr que tanto los museos como las galerías y centros culturales puedan lidiar con los desafíos que la pandemia les dejó. Según el informe, el 70% de la asistencia a esos recintos cayó estrepitosamente. 

Esto nos da una panorámica de cuál es el valor de los espacios dedicados a difundir y visibilizar las artes plásticas en todo el mundo. 

La solución no era clausurar o cerrar espacios, sino darles notabilidad de exposición, que el mismo sitio adquiriera nueva relevancia para el espectador y, sobre todo, para mantener a las comunidades conectadas con los espacios. 

Los espacios dedicados a las artes en todas las disciplinas, pero determinantemente en las artes visuales y escénicas, pusieron su creatividad a toda marcha para que en el confinamiento se permitiera cambiar de visitantes “presenciales” a “virtuales”, proponiendo recorridos a sus salas de exhibición, puestas en escena y, así, haciendo uso de las nuevas tecnologías, se modificó la forma en que vemos y conocemos el arte y el teatro. 

En algunas ciudades del mundo se tuvo presupuesto para innovar a este sistema de hibridez. En otras, a falta de recursos, pudieron ofrecer una permanencia más amplia de sus exhibiciones en museos o centros culturales y, poco a poco, generar protocolos de acceso presencial a los recintos. Todo, como dije antes, con firmeza al no cierre, especialmente en los espacios de instituciones públicas. 

En cuanto las estrategias para atraer nuevos públicos a los museos y salas de exhibición, tras la reapertura de los espacios luego del COVID, la agencia londinense The Audience menciona algunos puntos clave basados en la palabra comprensión: Comprender a los visitantes habituales: ¿Cuál es su perfil? Comprender las tendencias y oportunidades más amplias: ¿Cuáles son los desafíos del sector? Comprender la experiencia y las respuestas ante las medidas sanitarias. 

Agregaría un apartado más: Comprender la relevancia del sentido del espacio en términos de identidades en y para las artes plásticas y su valor patrimonial, así valorar su incidencia como una unidad de formación de público, todo esfuerzo en esa dirección ya es medida de éxito, aunque los indicadores de asistencia tarden en mostrar cambios considerables. 

Trascendencia actual de las artes plásticas en las Casas de Cultura en México

Con todo y pandemia, la pasada primavera de 2021, la revista Terremoto Magazine, dedicada al arte contemporáneo mundial destacó la exposición “Karma Mestizo” del artista oaxaqueño Jaime Ruíz Martínez, en la Casa de la Cultura Oaxaqueña. 

En 2021, otra revista especializada en arte contemporáneo, Artishock, destaca la exhibición colectiva “Un eco es un eco es un eco” en la Casa de la Cultura Jalisciense. La muestra indaga la presencia de Juan Rulfo (1917-1986) en el arte y la cultura visual contemporáneos de México y participan artistas como el regiomontano Octavio Abúndez.  

La Casa de la Cultura de Azcapotzalco, albergó la vida y obra del reconocido pintor y arquitecto mexicano Juan O´Gorman en la exhibición “O’ Gorman O’ Gorman 1905 – 1982” (2021). 

La Casa de la Cultura de Puebla actualmente exhibe “Lotería, la suerte que habla” (2022) la reinvención de la Lotería Mexicana con imágenes y coplas nuevas, inspiradas del México contemporáneo. Las imágenes fueron realizadas por la artista mexico-estadounidense Patricia Espinosa basada en Nueva York y las coplas que acompañan las tarjetas, compuestas por la escritora mexico-canadiense basada en Toronto, Martha Bátiz.  

Dicen que para muestra un botón y para decirlo con otras palabras: el potencial y las dimensiones culturales y artísticas que puede brindar como experiencia única de descubrimiento y reflexión para los asistentes a una sala de exhibición, es infinita. 

Cumpliendo con los objetivos de difusión y promoción de las expresiones de las artes plásticas desde su relación identitaria con lo local, nacional e internacional, las Casa de Cultura se convierten en más que un simple espacio de exhibición; también son plataforma, refugio, ancla y territorio para los artistas.   

Una sala de exhibición en una Casa de la Cultura (y sobre todo en edificios históricos considerados patrimonio cultural) que tenga una buena dirección y coordinación sabrá posicionar al recinto a buen puerto no solo para la trayectoria de los artistas que ahí expongan su obra, sino también para beneficio de las comunidades. 

CONARTE: funcionarios de cristal y la formación de públicos invisibles

Nuevo León tiene una Casa de la Cultura imponente, una de las más bellas del país por la cual han desfilado varios de los más grandes pintores regionales, nacionales e internacionales. Hoy desafortunadamente, la trayectoria y finalidad de un espacio tan icónico para las artes plásticas se evapora ante el silencio e indiferencia de muchos que presumen defender la Cultura. 

El “relanzamiento” de la Casa de la Cultura, que apenas hace unos días comenzó a circular públicamente, desarticula los espacios de exhibición para las manifestaciones de las artes plásticas. Deja en claro que ya no habrá cabida para exposiciones, luego de que se le otorgue un énfasis mayoritariamente literario a ese espacio ahora dedicado a libreros, mesas para leer y alfombras de fomi para el público infantil. 

Nadie pudiera estar en contra de una nueva biblioteca, aunque fuese totalmente improvisada. Quienes no se pronuncian a favor del rescate del espacio de exhibiciones son esas personas que no han dimensionado la pérdida ante esa falta de planeación de los espacios cedidos y modificados a capricho de su director Pedro de Isla y con la aprobación, a ciegas, de la presidenta de Conarte, Verónica González Casas. 

De Isla, cree, desde su micro visión del estado del arte y su inexperiencia como director de un espacio cultural, que la formación de nuevos públicos es a través de la venta de café.  

Su petit visión se debe a su comodidad, a no querer esforzarse en buscar mejores alternativas y a la apropiación de los discursos maquillados como propuestas que al final hablan de un claro despojo y exclusión de salas de exhibición para la obra de los artistas. Se realza el clasismo al solo pretender darle cabida al acervo de la Pinacoteca y al mismo tiempo se les falta el respeto a grandes maestros al colocar un lienzo entre o encima de libreros.  

La Casa es un caso perdido. Es lamentable que ante esta situación el complejo de avestruz se viralizó más que el COVID entre la comunidad de artes plásticas y fotografía y miembros de otras disciplinas y de la comunidad cultural en general. Tal parece que la mayoría de los escritores esperan un mendrugo de la nueva Casa de la Literatura, tratan de evitar un veto sexenal o ¿será que con su silencio aun poseen algún privilegio al menos en el imaginario? 

La idea de construir una nueva visión incluyente de las artes en tiempos post pandemia no es relevante para los funcionarios de cristal. Se preocupan más por la aprobación de la imagen pública, los indicadores y su formación de públicos invisibles.  

Con la eliminación de las salas de exhibición de la Casa de la Cultura, se realiza su primer aborto cultural, al negar la formación, crecimiento y consolidación de nuevos artistas plásticos y visuales. En esta “nueva Casa” se dan por muertas nuevas generaciones de artistas plásticos neoloneses, nuevos públicos ante la apreciación estética y nuevas comunidades artísticas porque, aunque en ese “relanzamiento” se mencione que aun será un espacio multidisciplinario, siempre faltará el artista plástico. Pero eso parece ya no importar.