Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Hace tiempo M. Á Bastenier se preguntó en el periódico El País: “¿Es el tuit periodismo”. Para el articulista:

1.- “El tuit tiene elementos que podemos considerar para-periodísticos. Es un poco como la vuelta de calentamiento en las competiciones deportivas, una gimnasia sumamente útil para el periodista”.

2.- “Para ello, como en el periodismo, hay que aclararse primero qué queremos contar, repetírselo a uno mismo todas las veces que sea preciso hasta dar con la fórmula magistral (…) y en ese ensamblado nos conviene ser rigurosos”.

3.- “En el tuit (…) nos movemos en el terreno de lo que empieza y acaba ante nuestra vista; nada a continuación, todo en el enunciado. Si acaso diría  que es el breve de los breves, la quintaesencia de ese gran artefacto periodístico –esencialmente impreso– que es la columna de breves, con la que damos seguimiento a los temas, los mantenemos en activo, o hacemos el punto de lo que debe escuetamente saberse”.

Los tuits devoraron a los artículos editoriales, al columnismo, como tradicionalmente los conocíamos. Los artículos de análisis, casi todos, perdieron ante el apresuramiento de su autores al defender sus posturas desde los tuits. Para leer lo que verdaderamente piensa un analista no hay que recurrir a las columnas, sólo hay que leer sus tuits. Los tuits dejaron de ser periodismo: la tuitfagia es caníbal, destruye el periodismo. No se informa, se deforma.

Los ejemplos se multiplican, por pereza no voy a enumerar los que podría enlistar hoy. Los elementos para-periodísticos notados por Bastenier se agotan, al menos en el caso mexicano, en los tuitazos. Los tuits se pretenden la nueva “comentocracia”. Se comenta, pero no cogobiernan, desgobiernan con su hálito de posverdad, de sesgo. Un tuit que no es sesgado –sea de autor de derecha o izquierda– no es tuit. Quien busque en Twitter periodismo, se equivocó de territorio comanche.