Por Félix Cortés Camarillo

Está de sobra entendido en nuestro país el sentido de la frase “vete al carajo”, y seguramente también del origen de ella. Si no lo está, repito: En los tiempos de los grandes veleros en los mares procelosos, en lo más alto del palo mayor iba una canastilla desde donde el vigía avistaba tormentas y tierras en cercanía. Por alguna razón, en español se la llamaba carajo, y cuando algún marinero cometía alguna falta lo mandaban de castigo a tan incómoda posición. Se comprende por qué luego la palabra carajo se comenzó a usar para nombrar al pene.

Recientemente, y no en calidad de estreno, el presidente López ha acudido en un par de ocasiones a la frase. Que se vayan al carajo los que critican la decisión de importar indebidamente  médicos cubanos. ¿Qué acaso no se traen futbolistas y beisbolistas de otros países? Dijo el otro día. Claro que a André Gignac le puedo aplaudir sus garigoleos y tiros de media distancia, pero jamás pondría mi salud o la de mis seres queridos -vamos, ni la de los no queridos- en sus manos, podría yo decirle evitando tomar camino al palo mayor. Pero ya se sabe que, como Gabino Barrera, el presidente López no entiende razones. ”Por una morena murió como mueren los gallos en los tapados”. Eso dice el corrido de Gabino Barrera, a mí que me esculquen.

Nos podemos ir al carajo todos los que nos oponemos a que los libros de texto gratuitos de primaria se conviertan en compendio de ideologías afines a un señor Marx Arteaga, para adoctrinar a nuestros niños. Todos aquellos que reclaman el Seguro Popular porque era su única protección de salud y fue destruido con un gesto. Al carajo los que anhelan, retrógradas ellos, las escuelas de tiempo completo en donde los niños pobres recibían un poco de alimento. Por eso iban.

Se pueden ir al carajo todos los que exigen que el trenecito maya por lo menos cumpla con los requisitos de protección ambiental que ya tienen tiempo en la legislación mexicana. Al carajo se van volando los que no quieren usar el aeromiento Felipe Ángeles. Al carajo los defensores del INE, que con sus imperfecciones ha sido el más importante avance en el difícil camino que este país tiene que andar para lograr la democracia. 

Vamos tomando camino los que no estamos de acuerdo en ocultar la información de las obras públicas por motivos de “seguridad nacional”, los que respetamos y amamos a los integrantes de las fuerzas armadas, pero pedimos para ellos un digno trato regresándolos a sus labores específicas, que no son las de albañiles o aduanaros.

Oyendo el cotidiano discurso del presidente López se me ocurre que todo el país, todas sus nobles causas y dignas aspiraciones, están siendo enviadas a la cesta del palo mayor, al carajo.

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): después de escuchar lo expuesto en Ginebra ante la Organización Mundial de la Salud por el doctor Muerte, conocido en el bajo mundo como López-Gatell, le sugiero señor presidente, con todo respeto, que lo proponga como presidenciable favorito para el 2024. Sabiendo cómo usted atiende y sigue las sugerencias que se le hacen, podré estar menos temeroso de una ocurrencia más.

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