Por Francisco Tijerina Elguezabal

“¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad.” // Antonio Machado

En la loca carrera de pretender imponer la percepción por encima de la realidad, nuestros políticos viven y actúan siempre de prisa, como si el hacer las cosas de manera rápida fuese sinónimo de hacerlas bien.

Cuestión de edad, tal vez, pero hay cosas que prefiero hacerlas despacio y disfrutarlas.

Así apenas están anunciando el inicio de una obra, cuando ya organizan una gira de supervisión para ver el avance y en un santiamén, aunque no esté concluida, se aparecen en unos cuantos días para montar toda una parafernalia celebrando la inauguración o puesta en marcha de su brillante aporte a la comunidad.

Se llenan la boca una y otra vez asegurando que tienen una excelente coordinación y comunicación, sin embargo no son capaces de hablarse y ponerse de acuerdo siendo de la misma instancia.

Dígalo si no el hecho de que, a pesar de que aún no contamos con las unidades suficientes ni se reestructura el transporte, ya nuestras autoridades están realizando trabajos para avanzar en el tema de las banquetas completas en diversos puntos de la ciudad.

Y no estaría tan mal, si no fuese una idea que tiene muchos asegunes.

Parece muy lógico el dar espacio a ciclovías y ampliar banquetas anteponiendo la escala humana a la de los vehículos y eso funciona a las mil maravillas en aquellas ciudades en las que se cuenta con opciones reales y funcionales de transporte público, pero en Monterrey no.

Adicionalmente, ya ha sido probado y comprobado el hecho de que las ciclovías no funcionan en nuestra zona metropolitana. La bicicleta no es vista como una verdadera opción para la movilidad porque no existe una cultura vial que respete al ciclista y salir a las calles así es casi un suicidio.

Pero, lo que es peor, ¿quién en su sano juicio sale a caminar a las calles y decide trasladarse a donde sea en medio de un infernal clima de 40 grados centígrados? ¿Para qué carajos nos sirven las banquetotas?

Lo que sí ocurre es que cancelan carriles de circulación lo que entrampa la ya de por sí complicada vialidad y genera problemas.

Es prioritario aligerar la carga de las grandes vialidades como Constitución y Morones Prieto, pero en lugar de propiciar que los vehículos utilicen los ejes viales, ahí tienes que ahora la calle de Arteaga, que de siempre ha sido un corredor para el transporte urbano, ya tiene un carril de menos porque  están construyendo en las esquinas unas cosas extrañas que permiten el estacionamiento de vehículos cancelando uno de los carriles.

Ahora sí agárrense, porque la brillante idea de ampliar las banquetas significará multiplicar la cantidad de accidentes de unidades del transporte y la posibilidad de que se lleven de encuentro a varios cristianos.

¿Quién ejerce de verdad la rectoría de las cosas y quién pone orden en el desconcierto en el que vivimos en todos los órdenes, incluida la seguridad?

Todo aquí está a la mitad.