Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Representantes de tres poderes entraron en un momento de colisión, el choque de trenes da señales de alerta, aunque el desastre no ha sido consumado. El matrimonio bien avenido entre el PRI y el PAN comenzó hace muchos años, cuando cambiaron las reglas del juego en la gubernatura de José Natividad González Parás para, adecuando la edad, el panista Raúl Gracia ingresara a la Judicatura.

La defenestración de Fernando Larrazabal sirvió después para que el dueño del Grupo San Nicolás, Zeferino Salgado, se hiciera del PAN y el ascenso lento pero eficiente en Santa Catarina por parte de Víctor Pérez, marcaron el nuevo modelo de amasiato político en Nuevo León, el cual sirvió para que la ingobernabilidad no le estallara a la administración de Rodrigo Medina, quien perdió su sucesión a manos de Jaime Rodríguez Calderón.

En la época del Bronco se consolidó el maridaje del PRIAN a través del Congreso y alcaldías. A Rodríguez Calderón le interesó más la corrupción que gobernar al estado, él y su equipo (donde se incluye al tesorero transexenal Carlos Garza Ibarra), saquearon las arcas estatales y ese pillaje los volvió oprobiosamente ricos. Sí, la fiesta de los ladrones tuvo su corrupto “after”, su tornaboda.

La llegada de Samuel Alejandro García Sepúlveda a la gubernatura, no reventó el amasiato del PRIAN, manejado invisiblemente por Francisco Cienfuegos, Adrián de la Garza y Heriberto Treviño, aunque con elementos independientes, como el alcalde de Apodaca, César Garza, y la alcaldesa de Guadalupe, Cristina Díaz. El PRIAN continuó en este sexenio manejando el Tribunal Superior de Justicia, a través de José Arturo Salinas, y el Congreso local, dos poderes que entrarían en colisión con el Poder Ejecutivo estatal.

La ruptura empezó cuando el gobernador García Sepúlveda se lanzó contra los alcaldes de Nuevo León señalando que no estaban haciendo su chamba. La respuesta del PRIAN vino en la voz del diputado Carlos de la Fuente, quien criticó los señalamientos de Samuel Alejandro. Las correas de transmisión se tensionaron y amenazan con romperse después de la salida de Jesús Nava, alcalde de Santa Catarina, del PAN y, concretamente, del grupo del diputado federal Víctor Pérez.

El gobernador se allegó al alcalde de Santa Catarina. En un evento de movilidad del miércoles, Jesús Nava se puso una corbata naranja, color de Movimiento Ciudadano. En la ceremonia, el gobernador le expresó: «Me asustaste. Pensé que querías la morada. Dije: ‘Este va a ir con Bronco al bote'».

Esta fractura en el PAN amenaza con profundizarse cuando el PRIAN retoma la iniciativa del diputado local de Morena, Waldo Fernández, de arrebatarle la Unidad de Inteligencia Financiera al Ejecutivo estatal para evitar que se utilice con fines políticos. Iniciativa que estuvo guardada y que fue revivida por el PRIAN luego de que la unidad pidió información al municipio de Santa Catarina sobre la actuación de las administraciones anteriores de Víctor Pérez y Héctor Castillo.

Desde ayer Waldo se desistió de esa iniciativa, tampoco iba a quedar como el tonto útil. Sin duda recibió llamadas del gobernador para que se desistiera y a Palacio Nacional no le convenía entregar esa Unidad de Inteligencia al PRIAN de Nuevo León. Hasta ahora el presidente Andrés Manuel López Obrador se lleva mejor con Samuel Alejandro que con esos dos partidos, sus verdaderos adversarios. Waldo realizó bien su cálculo político y fue un factor para la ruptura entre Movimiento Ciudadano y el PRIAN.

Hoy y mañana veremos hasta dónde le funciona este movimiento político al gobernador y, aunque no se prevé que la Mesa de Colaboración Metropolitana de este jueves sea escenario de conflicto, nada se puede descartar. La colisión entre los poderes en Nuevo León no se ha dado, pero la expectativa que suceda se encuentra en el horizonte.