Por Francisco Tijerina Elguezabal

“A todos nos gusta más la verdad que la mentira, pero cuando se trata de nuestra vida, a menudo preferimos la mentira a la verdad, porque la mentira justifica nuestra mala vida, mientras que la verdad la desenmascara.” // Leon Tolstoi

Perdón, pero crecí con otros valores, es decir con valores como la verdad, sobre todo en el ejercicio de mi profesión, lo que le da sustento al bien más preciado con el que puedo contar: la credibilidad y confianza de quienes me leen. Por eso me enfada darme cuenta de la facilidad con la que algunas personas mienten y la irresponsable actitud de quienes se asumen como dueños de la verdad.

Leí este miércoles un artículo plagado de mentiras e inexactitudes escrito por Karen Batres en El Norte de Monterrey y de verdad no entiendo el por qué permiten que un editorial con tantas y evidentes inconsistencias aparezca en sus páginas.

Desconozco cuántos años tenga la señora escribiendo artículos, pero casi estoy seguro de que llevo yo más en la profesión y no por ello soy mejor o peor que ella. Crecí leyendo al Maestro Armando Fuentes Aguirre desde que escribía en El Porvenir y lo he seguido ahora en El Norte; disfruté de la fina redacción y el duro estilo de don Carlos Ortiz Gil, de la claridad de mi querida Rosaura, del puntilloso Ricardo Omaña y hoy sigo leyendo con fruición a mi estimado amigo Felipe Díaz Garza, a todos los he admirado y tenido respeto; han sido verdaderos maestros en el oficio.

Abre Batres su escrito diciendo: “El Gobernador Samuel García vetó una iniciativa del Congreso local que declara las peleas de gallos y las corridas de toros como herencia cultural de Nuevo León. El Congreso afirma que de todas formas seguirá adelante porque no van a atender el veto. Viva el Estado de derecho”.

La última frase la desnuda sola. Sí, viva el Estado de derecho, primero porque es facultad del Congreso el oponerse al veto y segundo porque este veto fue enviado al Legislativo fuera de tiempo, de manera que si se trataba vetarla fue una burla sin sentido.

Después, buscando legitimar su muy sesgada opinión, doña Karen suelta un montón de “estudios” de los que no aporta base científica o académica, pero que da como válidos, y así sentencia: “Estudios de grupos dedicados a reducir este tipo de violencia señalan que el maltrato a animales es parte de las tácticas de individuos violentos que las usan para amedrentar, ejercer chantaje emocional y obligar a la víctima a permanecer en casa o a no reportar el abuso que sufre”; o añade “El maltrato de animales puede ser un indicador de la violencia doméstica o una señal de alarma ante la posibilidad de violencia a futuro”; y continúa: “Un grupo en Estados Unidos que se dedica a proveer ayuda a víctimas de violencia doméstica reporta que una de cada cuatro personas decide regresar al hogar porque teme que el abusador mate a su mascota…” ; y sigue: “El maltrato de animales en la niñez se asocia en grado significativo con rasgos de personalidad antisocial, el abuso de múltiples sustancias, y un patrón de disfunción emocional con varios aspectos que incluyen la incapacidad de considerar los derechos de otros”.

No conforme asegura que “Un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina reporta que los niños que maltratan animales tienen una posibilidad de dos a tres veces mayor que el común de estar sufriendo abuso ellos mismos” y se mantiene en línea cuando asevera: “Es evidente que el maltrato de animales significa un síntoma de que algo está mal dentro de la familia o la persona. Siendo así, ¿qué resulta del maltrato de animales como un espectáculo público?”

Todo su planteamiento teórico es falso y carece de cimientos, intenta citar estudios pero estos no existen ni tienen validez.

Pero si en la teoría la señora miente, en los hechos lo hace con total descaro cuando asegura: “Se mueren unos 200 caballos al año en plazas de toros, según The Animal Rescue Site. Last Chance for Animals (LCA) reporta que con frecuencia drogan a los caballos para que no entren en pánico, se coloca papel mojado en las orejas para que no escuchen, y en ocasiones cortan las cuerdas vocales para que no griten al ser dañados”.

La afirmación de la supuesta agrupación es una total mentira.

El colmo llega cuando la autora se cuelga de afirmaciones que han sido desmentidas una y otra vez, pero que ella repite “como el perico”, sin verificar, lo cual la convierte en una absoluta irresponsable al dar como cierta información que no le consta.

Y dice: “Al grupo LCA se le conoce como el FBI de derechos animales gracias a sus investigaciones en muchas partes del mundo. Los datos son repugnantes: reportan que a los toros (recuerden que son criados para ser agresivos) se les cuelga peso en el cuello para debilitar los músculos semanas antes de la corrida, afeitan los cuernos, retiran agua y alimento antes del espectáculo, y a veces se les administran laxantes o tranquilizantes”.

Me resulta sumamente extraño que siendo “El Norte” tan celoso guardián de la verdad, permita que alguien con la ligereza de Karen Batres publique en sus páginas. La señora debería indagar, orientarse, preguntar, antes de hacer afirmaciones sin sustento y soportadas en base a su percepción y a la irresponsabilidad de analizar los datos “googleando”.

Contra alguien así es casi imposible discutir y por ello me sigo cuestionando, ¿por qué lo permite El Norte?