Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”
Arthur Miller

De ellas ya casi nadie se acuerda. Pasaron de ser noticia de primera plana a simplemente desaparecer el mapa mediático, a pesar de que sus muertes no han sido esclarecidas.

Ya nadie pide justicia para ellas, se acabaron las marchas, las protestas, los pronunciamientos, las exigencias.

Cambiaron las prioridades y hoy todo el mundo está volcado en el tema de la falta de agua y en el pleito que se traían el gobernador con los partidos y diputados que al parecer ya amainó.

Pero la violencia sigue desatada, ayer mismo se reportaba el intento de secuestro de una mujer en calles de la colonia Roma a plena luz del día, el que por fortuna no se concretó.

No se resuelven sus casos y mucho menos se aprecia un avance en el problema de fondo; carecemos de políticas públicas, de estrategia, de método y sistema, ah pero eso sí, desde ayer tenemos nueva Secretaria de la Mujer en el Estado.

Ya nadie habla de refugios, de lugares seguros, de códigos para pedir ayuda.

¿Dónde están todas esas voces que clamaban por justicia y exigían resultados? Hoy están ocupadas pidiendo agua; para ellos Debanhi y Yolanda son historia que tal vez, y sólo tal vez, en unos meses cuando se cumpla el primer aniversario de su desaparición, recuerden para exclamar de nuevo un grito, una queja, pero hasta ahí.

Somos como las modernas velitas de los pasteles de los cumpleaños que tras unos segundos de lanzar chispas al aire se consumen y apagan, cuando en realidad deberíamos ser como las antiguas, aquellas que por más que soplaras nunca se apagaban.

Llamarada de petate, flor de un día, cometa que brilla con fuerza pero que desaparece fugaz en el firmamento, así somos, no cambiamos, no entendemos.

Y si revisamos la historia nos podemos dar cuenta de que en todos y cada uno de los casos relevantes que ha tenido nuestra comunidad actuamos de la misma forma.

No encanta el sainete, la rumba y el despiporre, pero después de unos días nos hartamos y luego de arreglar las cosas y recoger la basura, preferimos echarla debajo del tapete, aunque se acumule, aunque apeste.

Así somos, pero no deberíamos serlo, alguien tendría que aplicarse para mantener encendidas las velas, para recalcarnos una y otra vez nuestros pendientes como sociedad, porque no es sólo culpa de los gobiernos, sino de todos nosotros que preferimos la amnesia colectiva y elegir estar a la moda del momento.

¿De ellas quién se acuerda?