Por José Francisco Villarreal

No sé de dónde viene la idea de que la gente canta cuando se baña. En lo personal, yo no lo hago. Tampoco he escuchado que en mi vecindario alguien haga sus ejercicios de solfeo mientras se enjabona. Algunos lo harán, seguramente, pero no creo que sea una costumbre generalizada. Tampoco es normal que la gente se bañe dos veces al día. De hecho, no es bueno bañarse más de dos o tres veces a la semana. La piel humana no es como la simple cáscara del cuerpo, es un órgano por sí mismo. Relamido, ungido de afeites y relavado, deja de funcionar correctamente; bonito, pero no necesariamente sano. Si acaso habría qué profundizar en la higiene en zonas “estratégicas”. Aunque pretendamos ser la cúspide de la Creación, somos básicamente animales, y hasta nuestra secreción más hedionda cumple un propósito. Se oye desagradable, pero así es; en todo caso nuestra asepsia es necesaria cuando interesa a nuestra salud, no a nuestro aspecto. Ya sé que es imposible aguantar sin bañarse. Ya no es tanto cómo nos vean (huelan), sino cómo nos sentimos. Ni siquiera logramos olernos del todo, pero nos lo imaginamos. Con eso es suficiente para ansiar meternos a la ducha armados con un estropajo de alambre.

Me pregunto cómo supone el gobernador García que hay depredadores del agua que agotan nuestras reservas bañándose dos veces al día. En los viejos tiempos, se nos recomendaba el baño diario, aunque ahora la ciencia lo desaconseje. Aún así, es más común el baño “terciado”, y más sano también. Pero en las condiciones del abasto, una gran mayoría ya no podemos darnos ese lujo.

Quienes mantienen esa estética costumbre y el gusto vanidoso del baño dos veces al día deben tener también una provisión segura de agua. Es decir, casi nadie. El gobernador García tiene razón en recriminar a esos obsesivos, pero, que no la amuele, que no generalice. Para miles de cochambrosos es un insulto. ¿Pues qué estado está gobernando este joven?

Debo ser franco y confesar que voluntariamente, jamás he escuchado canciones interpretadas por Julión Álvarez. Si acaso recuerdo los “Claveles de enero” del chiapaneco-sinaloense, que lucen más por los metales de la banda que por su voz. Si me diera el lujo de bañarme dos veces al día, y en el remoto caso de que se me antojara cantar entre la espuma del champú, podría elegir a Las Hermanas Huerta, Flans, Pepe Madero, Alejandro Sánz, y hasta un aria de Mozart, pero no a Julión Álvarez, a menos que me acompañe una banda sinaloense que disfrace mi mala voz… (Todavía no me repongo del “homenaje” de Maluma a José José, ¡qué triste!) Aunque, el tal Julión, citado por el gobernador, dice más de sus gustos en el baño que de los ajenos. No creo que esté monitoreando cuando la gente se baña en todo Nuevo León, o sus vecinos… Esa es una costumbre muy fea.

Ya sé que exagero en el pitorreo, pero es que el gobernador se pone de pechito con declaraciones tan desafortunadas como esa.

Aunque cantaran con orquesta sinfónica, sí hay personas que necesitan bañarse a diario y hasta más de una vez. No todos los trabajos se realizan en oficinas y con clima. Con este calor, el sudor se convierte en un adhesivo para toda suerte de inmundicias ambientales. No entiendo cómo, si durante su campaña recorrió todo el estado, nunca notó qué hace la gente y cómo lo hace, nunca entendió que los que de verdad desperdician el agua son los que tienen mayor acceso a ella. Cuando nos falta, nos ajustamos a las prioridades, y no porque seamos muy responsables sino porque el agua es indispensable para que un hogar funcione. Y si la prioridad es bañarse dos veces al día, con o sin concierto, pues tendremos qué hacerlo. Fuera de lo simplón y bobo de sus reproches, lo único que demuestra es la enorme distancia entre el gobierno estatal y los ciudadanos que gobierna. Más aún, de tanto andar navegando entre litros por segundo y metros cúbicos, olvida, o nunca supo, la importancia de contar con un chorrito de agua en la tubería. ¿O se cree que para comer o cocinar purificamos las manos con hechizos?

A estas alturas estoy bastante decepcionado del gobernador García. A veces me parece más sensato el personaje con el que lo parodia un cómico local. La intervención del gobierno federal en esta crisis tiene ya, y tendrá consecuencias aún mayores para sus aspiraciones políticas. Por ahora, sin querer queriendo, se aplacaron las olas políticas porque la emergencia los rebasa. Tendrán que sumar fuerzas para parecer coordinados. Lo que sea para que no se note su incompetencia y nadie espulgue en el pasado de los actores políticos. Porque Samuel tiene razón, él heredó esta crisis, no la causó. Y los que la causaron, por ahí andan muy quitados de la pena y muchos viviendo todavía del erario. Pues aunque Samuel señale al Bronco, o a otros antes que él, lo cierto es que no fueron sólo los gobernadores. Los tres poderes del estado (además de los “fácticos”), por omisión, sumisión o complicidad, también nos dejaron en esta ruina.

Yo recomendaría al gobernador que dejara de preocuparse por los bañistas cantores y sus gustos musicales. Que canten lo que sea. Que se preocupe cuando oiga que le canten en coro frente a las ventanas del Palacio de Gobierno. Ahí sí, mejor que le ponga atención no al canto sino a la letra.