Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La 4T tuvo que intervenir en la crisis hídrica de Nuevo León, no había de otra. La gestión de esta crisis a nivel local fue un fracaso rotundo, mayúsculo. Advertidamente, por politiquería no se resolvió un asunto social: la gramática instangramática dio para muy poco. El discurso en el vacío no es comparable al vacío de agua, de las llaves y los tinacos.

A pesar del rescate hídrico que decretó el presidente Andrés Manuel López Obrador a través de la Secretaría de la Defensa Nacional y Conagua, la derecha en Nuevo León se siente agraviada, las empresas de la cheve y del agua impugnan que se les quite líquido de los pozos que no son sus pozos. O son sus pozos, pero el agua que extraen no es suya.

No sólo existe el extractivismo hídrico, también un activismo ideológico de una derecha nuevoleonesa que se pretende empresarialmente responsable, engañaron antes, ahora a pocos engañan. López Obrador, más claro que la sucia agua de Monterrey, lo advierte, porque o dan de sus pozos o los gozos se acaban. En San Pedro todavía hay empresarios que dudan de la autorizada autoridad de Andrés Manuel y lanzan campañas en contra del rescate social que lo trasladan como un agravio contra los empresarios.

Se dice, y se dice mal.

Pretender aplicar normatividad en un asunto de derechos humanos, como el derecho fundamental al agua, no aplica. La SEDENA y la CONAGUA se encargan porque el gobierno local, los empresarios industriales y agrícolas no quisieron entrarle al tema por sus utilidades electorales o voraces. Si López Obrador dio el manotazo a la crisis hídrica en Nuevo León fue porque gobiernos y empresarios se hicieron pendejos, dándole la factura crítica a la sociedad.

Los 15 mil millones que se gastarán, entre el acueducto El Cuchillo II y otras adecuaciones, no serán objeto de corrupción ni para el gobierno local ni para el gobierno de Jalisco. El negocio naranja se acabó, concursar, licitar a la manera naranja es corrupción, es impunidad, es joder al ciudadano. Por eso el blindaje de adjudicaciones de la 4T. Las licitaciones naranjas no abren, cierran, y cuando se impugnan, hay persecución financiera y amago de cárcel.

La derecha de Nuevo León “lee” lo que con su analfabetismo sólo quiere leer. El Acueducto El Cuchillo II no está diseñando, en sus adjudicaciones, con los empresarios del Tren Maya u otras construcciones. Andrés Manuel fue muy claro: el acueducto será construido por las empresas de Monterrey, los tramos interconectados en ocho meses. Protexa, Cemex y quien se apunte estará ahí. El Acueducto El Cuchillo II, como el primero, pero mejorado, estará en manos expertas regias. Lo dijo en una mañanera López Obrador, aún más, la gente de la Caintra está invitada a que sea garante del proceso.

Nada oculto, todo transparente. Quitar las licitaciones que pretendía manejar a modo el Gobierno del Estado, no es un error, es un acierto. Si es inversión federal, no hay espacio para la corrupción local en la obra pública.

Y, sin embargo, la mano que mece la cuna en contra de la 4T en Monterrey, publica desplegados contra López Obrador, firmados por organizaciones fantasmales, inexistentes, y organiza manifestaciones en contra de Conagua. La nimiedad los delata, como los anuncios en antros y redes sociales que argumentan que el gobierno federal se sumó a la propuesta hídrica del gobierno local. No las consecuencias, las causas de la minoría de edad política. ¡Qué pobreza!

Quien pretende acuchillar un cuchillo, lo saben los personajes de Borges y de Rulfo, termina herido, lastimado. Querer darle atole con el dedo a la 4T se convierte en cicuta local.  No le buigan.