Por Félix Cortés Camarillo

La tierra, de cuando en vez, decide tragarse a los hombres que le penetran para sacarle sus riquezas ocultas. En estos momentos, esfuerzos poco efectivos tratan de sacar el agua que mantiene inundados a diez hombres en uno de los tres pozos que forman la llamada mina Agujitas, en la cuenca de Sabinas, Coahuila.

Junto al nombre de Agujitas ponemos el de El Olivo de 2006 y hasta hoy 63 muertos sin sepultura en Pasta de Conchos, Coahuila. Pero también el de Progreso, Barroterán o El Pocito, todos en Coahuila o el de Pata de Gallo, en Hostotipaquillo, Jalisco. Todas esas minas son deudas que la tierra nos cobró y los beneficiarios no han pagado a los deudos.

Allá abajo está la tragedia: los cuerpos de humanos que tienen pocas probabilidades de salir para regresar a la tierra en un panteón, y menos de salir con vida. Acá arriba está el drama. 

Los trabajadores de una mina de la que el gobierno no ha podido determinar con certeza quien es el real dueño, concesionario, pantalla o prestanombres, los trabajadores que no bajaron esa mañana al pozo, ya han sido despedidos, según narró uno de ellos en televisión. Les pagaban 150 pesos por unidad de carbón subida a superficie. No quiero pensar que esa unidad sea una tonelada, pero el obrero mencionó dos mil pesos a la semana su salario. Pero además reveló que la indemnización de cada despedido es de mil pesos. Un mil pesos vale una vida que no se perdió. ¿Y las otras, cuánto?

La minería en México es una de las industrias más sucias del país. La corrupción ha permeado no solamente los procesos de otorgamiento o prolongación de concesiones a los hombres más ricos de México. Las tecnologías de extracción y las condiciones de trabajo de los mineros están ancladas en el remoto pasado medieval. De nada sirvió que el SNTMMYSRM (Sóplense esta: Sindicato Nacional De Trabajadores Mineros, Metalúrgicos Y Similares de la República Mexicana) fundado hace 88 años por el nuevoleonés Napoleón Gómez Sada fuese uno de los sindicatos más poderosos numéricamente en el continente. 

Bueno, sirvió para el enriquecimiento del líder vitalicio y para que lo dejara en herencia a su hijo Napoleón Gómez Urrutia, otrora prófugo de las justicias y hoy senador consentido de la cuarta simulación. Poco honor hace a los mineros este movimiento, cuyo líder acude con frecuencia a nombres sagrados de la minería y del movimiento revolucionario como Cananea.

Permanentemente, en México los frutos de la tierra han servido de alimento para la demagogia de los políticos en el poder. El petróleo, la plata, el carbón, y en los tiempos más recientes el litio. Importantísimo mineral, indispensable para la fabricación de microsistemas informáticos llamados chips sin los que no funciona ni un automóvil ni un teléfono celular, y que se presume abunda en Sonora. Nadie lo ha visto, sus yacimientos potenciales necesitan años para ubicarse y ser cuantificados, no tenemos tecnología para su extracción, procesamiento y comercialización. 

Pero eso sí, ya hubo un decreto para determinar que el litio es propiedad de la Nación. Como si el artículo 27 de la Constitución no existiese prácticamente desde siempre. Además, el presidente López ya lo ofreció a la industria automotriz que quiera aprovecharse de él.

Y andamos discutiendo soberanía con Estados Unidos y Canadá. Que la hablen de soberanía a los mineros de Coahuila.

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): El 19 de febrero de 2020, Año de Leona Vicario, con el apoyo de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social, María Luisa Alcalde, el presidente López se comprometió a iniciar, al iniciar octubre de ese año, las labores finales de rescate de 63 cuerpos de mineros que siguen ahí atrapados en la mina de Pasta de Conchos desde 2006. 21 expertos estudiaron todo el plan de rescate; 17 de ellos vinieron de Estados Unidos, China, Australia y Alemania, países con experiencia en accidentes mineros. La señora alcalde dijo que las labores finales de rescate de los cadáveres iban a tomar dos o tres años. El próximo febrero se cumplen tres años. 17 años de la explosión de Pasta de Conchos.

Todo esto, especialmente la promesa explícita del presidente López de sacar los cuerpos, ya se nos olvidó. Como se nos va a olvidar el compromiso de sacar a los ahogados de hoy.

‎felixcortescama@gmail.com