Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Quien se enriquece se entorpece. Esta agua rica de tantos reflejos y de tantas sombras es un agua pesada”, describe Gastón Bachelard en su ensayo “Las aguas profundas”, contenido en ese bello libro que llamó El agua y los sueños. Heráclito nos condenó a ser fluido, río, agua. Arquitectos de destino o desatinos, inventamos los acueductos: atender la sed con tuberías y dejar el agua profunda, los pozos, a quienes se enriquecen con el líquido, a saber, Ternium, Heineken, Arca Continental y sus marcas registradas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador vino, vio y venció políticamente. No vino a echar bronca sino a resolver el problema hídrico, aunque desde FEMSA (hashtag intermitente en los días anteriores) quisieron hacerle bronca por los incendios de los Oxxo. El recalcitrante conservadurismo de algunos empresarios de doble moral, aquellos que mantienen sus campos de golf con lagos repletos del agua común del río Ramos, por ejemplo, reciben no la limosna, sino la solución, con garrote encendido. Regreso luego a la cuestión política. Antes dos apuntes pertinentes.

Celebrar mediáticamente, o digitalmente (los medios de comunicación en Monterrey no son pro AMLO), el acueducto Cuchillo II no cancela el tiempo técnico para culminarlo. Abel Guerra, quien sabe de obra pública, aporta una duda razonable: le parece muy rápido hacer un proyecto de esta naturaleza en una semana. Qué bueno que las campanas se echen al vuelo, pero otra cosa es aterrizar, volver real el proyecto, a menos, como es un proyecto de lustros, ya existan los estudios requeridos y la posibilidad de negociaciones con los dueños de los terrenos por donde pasará el acueducto (y por eso el blindaje contra amparos por ser de “seguridad nacional”).

En sus redes sociales, Javier Livas Cantú aventura una propuesta: “Ya salieron con su ocurrencia. En vez de una tubería nueva de 10 metros cúbicos por segundo, el gobierno federal ya decidió rebajarla a la mitad, o sea 5 metros cúbicos por segundo.

“Ya instalada, se la daría mantenimiento a la actual de 5 metros cúbicos. Y más delante, se haría otra de 5 metros cúbicos para regresarle el agua tratada a Tamaulipas. Esto de regresar agua es un trato justo para Tamaulipas. Lo mismo hace la ciudad de Las Vegas con el agua del río Colorado. Puede tomar toda la que quiera, pero la debe regresar al río, ya tratada. Es el costo de hacer negocios y tener casinos en pleno desierto.

“Lo que no me parece con la nueva solución anunciada por el gobierno federal, con inexplicable complacencia del gobierno del estado, es haber reducido el acueducto nuevo de 10 m3 a 5 m3. ¿Por qué lo digo? Porque si hacemos cuentas, hacerlo de 10 m3 permitiría usar el actual ducto de 5 m3 para regresarle el agua a Tamaulipas. Nos ahorraríamos la construcción de un tercer ducto. Así de fácil. Como luego dicen, matamos dos pájaros de un tiro. O sea, ya que vas a tirar y soldar tubos a lo largo de 100 kilómetros, de una vez usa el tubo más ancho. Proporcionalmente es mucho menos trabajo. Y todos salimos ganando”.

No sé si Abel y Javier tienen razón, tendría que consultarlo con los ex directores de Agua y Drenaje. Volviendo al asunto político. Existen tres siniestros personajes, o cuatro, que coadyuvaron a no tener agua en Nuevo León por oponerse a traer agua del río Pánuco: Eugenio Clariond, Fernando Elizondo, Jaime Rodríguez Calderón y Samuel Alejandro García Sepúlveda. Y ahora termino. Nuestras grandes empresas, desde finales del siglo XIX, se han mamado el agua de todos nosotros. Ya es hora de que regresen hídricamente las extracciones. El agua es nuestra, no suya. Repito a Bachelard, quien se enriquece se entorpece. Basta.