Por Carlos Chavarría

Con el asunto de pasarle a las FFAA toda la responsabilidad de la lucha contra la violencia, antes de que se convierta en un lastre electoral para el oficialismo, otra vez un tema de importancia política real se somete a los cánones de la grilla versallesca a la mexicana, o sea “como veo doy”.

Con el viejo PRI no había necesidad de debatir o negociar casi nada, porque el gobierno emanado de ese partido lo controlaba todo. Si se consultaba a distintos sectores y agrupaciones de la sociedad civil para tomarle el pulso a tensión social y no exagerar con las imposiciones, cuando en realidad no tenía por qué aplicarse el poder en algunos asuntos.

Con la llegada de Carlos Salinas a la presidencia —con todo el residuo de inconformidades que es bien conocido— agregó al menú político las “concertaciones”, llamadas por el vulgo “concertacesiones” por aquello de acallar los gritos de la mal llamada oposición con algunos puestos de elección popular, pero sin consultar o siquiera considerar los resultados electorales; o sea que la voluntad popular no entraba en la ecuación.

Ramon Aguirre, Carlos Medina Plascencia, Fox, y otros menos relevantes, fueron fichas en el juego del poder al estilo pragmático, que no es una negociación política real. Pero ese estilo de hacer política en el Congreso se instaló y adquirió carta de naturalización para todas las corrientes en el poder.

Por supuesto que las concertacesiones para nada involucran un beneficio real y concreto para la sociedad, pero para el Club de Tobi en que se ha convertido el poder público fue la solución mágica a todos los problemas.

Poca importancia tiene el debilitamiento de la gobernanza de México, pues las concertacesiones no solo fueron diseñadas por y para políticos, también una ralea de empresarios se acomodaron a las mil maravillas con el nuevo estilo y no se digan las organizaciones que los representaban.

Como los resultados en realidad ya no importaban; pues siempre se ha podido mentir con los datos y estadísticas, los problemas fueron diversificándose y agudizándose en la mayoría de las áreas  del quehacer nacional que nos concierne a todos.

En la más trágica y torcida de las ironías, si la implantación del otrora TLC no se hubiera retrasado 3 años, al sexenio de Salinas no lo hubiera alcanzado el problema de la cuenta corriente y su estrategia fallida de los Tesobonos y en consecuencia todo el desenlace político hubiera extendido el status quo hasta que aparecieran nuevos escollos.

Si al decir del propio Salinas, en aquellos años se perdieron 10 años, hoy el problema es más serio y complejo. La caída de la economía provocada por el estancamiento post pandemia y la desconfianza inspirada por un régimen que no acierta a definir un rumbo en medio del nuevo mundo que ha surgido, ya causó 4 años perdidos en una transformación, que sí es vital, pero se sigue perdiendo la energía ejecutiva nacional en revivir un muerto, como lo es el propuesto todos los días en las conferencias mañaneras.

Otra vez, las fuerzas políticas están a la espera de las nuevas concertacesiones para reinstaurar lo más parecido al viejo PRI pero con otro nombre y todo por la “voluntad del pueblo” representada en las voces de una oposición que otra vez no es oposición y darle un giro hacia atrás en la historia.

Si bien la democracia no es el modo más eficiente de lograr resultados, pues el feudalismo omnipresente con su poder concentrado en una sola persona y su corte, con mucho la superan, al no tener la mortificante y tediosa tarea de convencer o negociar nada, y muchos menos informar a la sociedad; también es cierto que totalitarismo en cualquiera de sus formas no es sino condenar al país a permanecer en la zona del subdesarrollo y el atraso.

El presidencialismo totalizador ha sido un azote y el obstáculo mas grande desde que fue escogido como centro de la gobernanza de nuestro país, y hoy constituye un entramado muy sofisticado de complicidades y acuerdos, escritos y no escritos, que por supuesto nadie, con alguna ínsula de poder, intenta considerar siquiera rediseñarlo para que se dirija hacia más control de la sociedad y profundizar la etapa de democracia deliberativa a la que no podemos avanzar en razón de la concentración del poder en una sola persona en los tres niveles de gobierno.