Por Félix Cortés Camarillo

El otro día leí un divertido escrito de Juan Villoro sobre la magia del número tres. Nos lleva a transitar desde las tres gracias entre las que Paris tenía que escoger a la belleza, las tres caídas de la lucha libre, la Santísima Trinidad, los tres deseos de los genios en los cuentos, las explicaciones mágica, religiosa y científica del mundo y los tres motivos para la infidelidad que defiende y difunde Paquita la del Barrio. 

Todo ello por la coincidencia el 19 de septiembre de movimientos telúricos en nuestro país, tres veces en los últimos cincuenta años el mismo día. Ya se sabe que cuando nosotros no sabemos algo le echamos el paquete a los que se supone que saben, que es la Ciencia. Pese a ella, permanecemos en el mito de las efemérides y nos atascamos en él. 

Las fechas patrias, en cada país, son sagradas. El 14 de julio es de a huevo, pero los rusos no saben qué pasó el 7 de octubre -que ahora es noviembre- para iniciar su Revolución y los mexicanos andan con su independencia, esto es el inicio, entre el 14 y el 16 de septiembre. En 1921 se declararon independientes nombrándose Imperio. Y por ahí. 

Veneramos fechas, más que hechos. Ni modo.

Este lunes 26 se cumplen siete meses de la oprobiosa, cobarde y casi impune invasión de Ucrania por el imperialismo ruso. Para conmemorar, Vladimir Putin ha emprendido una leva militar de 300 mil reservistas para que continúen una guerra que él imaginó -o le contaron- duraría cuatro o cinco días. Al grito de “no quiero morir por Putin”, miles de rusos están manifestándose en las calles y yendo a la cárcel. Cientos de otros rusos, los que tienen hartos rublos, andan pagando cientos de miles de ellos para irse a dónde los acepten como refugiados.   

Mientras tanto ni el Secretario General de la ONU, vamos ni siquiera el presidente López que para toda solución tiene un problema, vislumbran una salida a esta crisis mundial, descartada claro la destrucción nuclear con la que Putin amenaza.

Esto no tiene nada que ver con otra efeméride que ya se acerca. El dos de octubre no se olvida, desde luego, pero nadie puede decirme de qué nos acordamos. Muchos de los que repiten la cantaleta no habían nacido en 1968. Los que se padrotean el lema publicitario tampoco. Pero ahí sigue manchando paredes y enlodando su apellido.

Mucho ganaríamos los mexicanos si guardáramos el pasado en el relicario de las mentiras históricas y nos dedicáramos a pensar en cambiar el presente para ofrecernos un futuro.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Hoy se cumple otra fecha malévola, los ochos años de los muertos de Ayotzinapa. Todos los que lucran con ese hecho trágico, desde la normal de donde salen las provocaciones al ejército, los Vidulfos, los padres de los desaparecidos, el subsecretario de Gobernación y el mismo presidente López, no van a encontrar la salida. Porque no les conviene abandonar el mito y el rito y poner los pies en la tierra.

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