Por Carlos Chavarría

Todos los funcionarios de elección y los que aspiran a ganar alguna posición, traen una obsesión por congraciarse con más regalos para sus públicos electorales, como única estrategia y oferta electoral, sin importar que estamos insertos en una crisis mundial a la que México no puede escapar. Todos esos regalos que buscan atenuar la desigualdad en el ingreso no conseguirán sus propósitos (electorales y sociales) pero sí crearan déficits en las finanzas públicas, que no hay forma de llenarlos sino con más deuda.

En economía no hay atajos cuando se trata de tomar decisiones, todo efecto tiene una causa; si se le jala al mantel de la economía, en algún lado habrá un efecto deformatorio, podrá ser positivo, pero también podría ser negativo en relación a lo deseado.

Las crisis anteriores podían adjudicárseles a la ignorancia y la poca evolución de las ciencia económica, ahora no. Así sea el gobernante de la Escuela Clásica, de la Austriaca, de la Monetarista, libertario o progress, y hasta de la escuela moral de la 4T —que en realidad es de Joseph Stiglitz— existen ciertos principios casi axiomáticos en materia económica que no se pueden eludir.

A estas alturas de la historia ya nadie puede excusarse, la economía es simple y compleja al mismo tiempo, porque todo gira alrededor del dinero y los bancos (un gran misterio) centrales y los privados son los únicos que crean dinero.

Para que se disponga de dinero excedente, se requiere que la economía crezca y así habrá mas dinero en circulación. Si los bancos emiten mas dinero, líquido o a través del crédito habiendo la misma producción, se impulsará la demanda mas allá de la oferta, habrá aumentos en la inflación, y decaimiento del bienestar.

Como la economía se maneja ahora desde Palacio Nacional (antes desde Los Pinos, al decir de Luis Echeverría) y la política electoral determinan las estrategias económicas, las reservas que se crearon en administraciones anteriores ya se agotaron a la par que crecieron los programas sociales y obras que tendrán su repago en el muy largo plazo. Ahora se empieza a jugar con la relación de la deuda y el PIB, esto es con el déficit y niveles de endeudamiento.

Por supuesto que los problemas no esperan a que la economía se estabilice y estos son también una deuda. Por ejemplo, no hacer mantenimiento y agregados a la infraestructura es un pasivo contingente que tarde o temprano hará crisis.

Por 30 años el país creció poco pero creció y los 2,500 alcaldes y gobernadores del país se dieron gusto haciendo muchas obras que tampoco tuvieron repago, pues de origen poco les importó en realidad la rentabilidad de las mismas. De hecho, la gran mayoría de las evaluaciones de proyecto del sector público muestran algún sesgo.

Ahora no hay dinero y todos adoptan la peor de las decisiones, sacarle más a los hogares y empresas para seguir con su inoportuna fiesta de gasto y desarrollo de derechos sin tomar en consideración el nulo crecimiento de la economía. La economía es implacable, lo que conseguirán es deprimir más la actividad económica y habrá todavía menos dinero para lo necesario.

Lo mismo que esta haciendo el presidente de garantizar más y más derechos sociales sin considerar su costo, lo están haciendo alcaldes y gobernadores, y eso no cambiará aunque se cambiase el pacto de coordinación fiscal, porque el asunto es que no hay recursos en el país porque no se producen si no hay crecimiento.

No hablar crecimiento en tanto no existan mercados domésticos e internacionales para colocar los excedentes de la producción y sobre todo si no se crea confianza en que en el futuro cambiara para mejorar el estado de las cosas, continuaremos con el pesimismo y las expectativas negativas.

Mas vale que ya los gobernadores y alcaldes le vayan bajando a sus intenciones de aumentar impuestos locales, como el predial, y al cobro de derechos y servicios, concentrándose mas en deshacerse de activos no productivos, eliminar gasto superfluo, entrarle a la transformación digital de sus operaciones para mejorar su eficiencia, reorganizar el gasto hacia áreas de la mas alta prioridad, como la seguridad, y dejarle a la sociedad muchas de sus funciones que en realidad no les atañen.