Por Francisco Tijerina Elguezabal

El primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es que el fin justifica los medios. // Georges Bernanos

Muchos lo saben y los que no, lo intuyen.

Desde hace algunos años han proliferado en la ciudad “Centros contra las Adicciones” que ofrecen terapia de atención para quienes padecen este tipo de enfermedad; en su mayoría funcionan y cuentan con un área de internamiento en el que se aisla a los pacientes para a través de ayuda médica, psicológica, psiquiátrica, de nutrición y buenos hábitos, además de terapias ocupacionales y de otros tipos, lograr alejarlos del infierno en el que viven ellos y sus familias.

Sin embargo, y es necesario aclararlo, no se trata de un hotel o una guardería, sino de un programa que debe ser regulado y supervisado por especialistas y principalmente por las autoridades, a fin de evitar abusos de cualquier tipo.

Han sido muchos los casos que se han conocido, y muchísimos más que no se sabe de ellos, de pacientes que han sufrido lesiones graves y algunos hasta han fallecido a causa de golpes y maltratos recibidos en estos lugares.

Y es que en este México Mágico, en este “nuevo” Nuevo León, cualquiera que tenga ganas puede montar un centro de rehabilitación sin importar si cuenta con las instalaciones, preparación, personal y permisos adecuados; basta con tener un local amplio, cadenas y candados para que no se escapen los internos y lo que pase de la puerta hacia adentro nadie lo sabe. Usted pone un anuncio en Internet y asunto resuelto, ni quién lo moleste.

Igual ocurre con las casas de retiro y los asilos de ancianos. Con todo y que se han registrado desgracias como aquel incendio en uno de ellos en donde perecieron un par de viejecitas, por unos días todos gritaron, se exaltaron, exigieron y pasadas algunas semanas olvidaron el tema, de suerte que sigue habiendo aquí un montón de lugares así en los que lo que menos tienen nuestros adultos mayores es descanso, porque los tratan peor que en un zoológico.

¿Y la autoridad? ¡Bien gracias!

Por las mismas están los sitios para internar a enfermos mentales y así podemos seguir.

El punto aquí es que nuestras autoridades no hacen nada para cumplir con su obligación de evaluar y avalar la operación de estos sitios, impidiendo que charlatanes sin preparación se ganen dinero abusando de las personas.

Leo con tristeza que hay quienes hoy se preocupan por rescatar animales de las calles, pero no veo quién nos rescate a nosotros, de nosotros mismos.

¿Cuál regulación? ¡Patrañas!