Por José Jaime Ruiz

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@lostubosmty

La película Ruido de Natalia Beristáin suma más de 7 millones 180 mil horas de vistas y fue la película de habla no inglesa más frecuentada en Netflix. Desaparición, búsqueda que no tendrá encuentro. La desolación convertida en rabia de una madre que rastrea la desaparición de su hija.

“También los expedientes mueren, murmuro. La rabia se parece mucho a la resignación. La impotencia al espanto. Pero este es solo el inicio…”, escribe Cristina Rivera Garza en El invencible verano de Liliana. En México los expedientes de las desaparecidas, de los desaparecidos, no se archivan, se entierran en la fosa común de la burocracia porque eso le conviene a las autoridades, al narco, a los tratantes de blancas, a los traficantes de órganos.

El ruido interior que habita a Julia, la madre interpretada por Julieta Egurrola, es el silencio cómplice del exterior. La desaparición de las personas también es la separación de los afectos inmediatos, de los lazos familiares. La muerte de Gertrudis, Ger, convierte a la madre en protagonista de una ruta escalofriante de cadáveres y osarios. Como escribió alguna vez Borges, «no nos une el amor, no une el espanto», el espanto por las desapariciones, incluyendo las de los periodistas de investigación que son levantados, como Abril, la reportera que auxilia en su búsqueda a Julia.

Solidaridad trastocada en fraternidad de los colectivos y las colectivas, el activismo. Pero como las manifestaciones retratadas en la película, es la guerra. Rita Laura Segato describe: “La rapiña que se desata sobre lo femenino se manifiesta tanto en formas de destrucción corporal sin precedentes como en las formas de trata y comercialización de lo que estos cuerpos puedan ofrecer, hasta el último límite”.

Ruido es una película que sacude porque el patriarcado que encarna en un joven narco al final del filme, resume la acción de exterminio contra las mujeres: el «perico» que traía, la cocaína, no era de su grupo delictivo y, además, la levantaron también porque estaba “buena”. El Estado represor y patriarcal forma parte del exterminio, de la guerra en contra de las mujeres y de lo que su emancipación representa. La represión recae también contra Julia, la madre quien, en la metáfora del reencuentro –en el desierto de la desolación– por fin se reúne con Ger, su hija, ambas violentamente asesinadas.

La película «Ruido» traza lo evidente: el cuerpo de la mujer como territorio político, por eso la guerra, por eso la emancipación, por eso la búsqueda de justicia.