Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

@lostubosmty

En un artículo de hace unos días, el dirigente de Movimiento Ciudadano en Nuevo León, Horacio Tijerina, afirmó: “Quienes pretenden decirnos que regresar a lo que había es la alternativa, subestiman la inteligencia de las y los mexicanos. Lo que nuestra gente merece es un cambio positivo, con visión de futuro, un cambio que lleve a México y a sus habitantes a una mejor condición”.

Cuando la tinta de un artículo de opinión se convierte en sangre, es que el autor se mordió la lengua. El gobierno de Samuel Alejandro García Sepúlveda es un gobierno de la vieja política y Movimiento Ciudadano una extensión, más que política, inmunda de los ex funcionarios públicos.

Movimiento Ciudadano es un SIMEPRODE, es decir, el Sistema Integral para el Manejo Emulsivo y Procesamiento de Desechos. El primer funcionario que Samuel Alejandro envió al partido fue Miguel Ángel Sánchez Rivera, quien dejó la dirección general del DIF estatal meses después de que un joven de 14 años murió en el DIF de la colonia Fabriles.

Otro desecho político reciente, es el ex director de Comunicación Social, Glen Villarreal, quien llegó hace días a la secretaría general de Movimiento Ciudadano.

Corruptible, corrupto, la llegada de Glen demuestra no solo que el partido es una extensión, como en la vieja política, del gobierno en turno sino que como dirigente, Horacio Tijerina es un político pintado o, como ahora se dice, es apenas un político florero.

En el recipiente electoral llamado Movimiento Ciudadano se procesan los desperdicios del gobierno estatal.