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Por Francisco Tijerina Elguezabal

Hay un remedio para las culpas, reconocerlas. // Franz Grillparzer

Después de la vorágine de Tesla y su hija Mariel, el gobernador Samuel García deberá entender que como en todos los ciclos de la vida vienen las contras, de manera que, le guste o no y así sea o no su culpa, a partir de ya le vendrán severas tormentas sobre su milpita.

Y, así, lo van a culpar de todo y por todo: que si el extraño olor de antier, que si la contaminación, la falta de agua, la movilidad, la seguridad, los pleitos entre escolapios, los feminicidios, los apagones por doquier de ayer, de todo y por todo Samuel será el acusado y señalado como culpable, aunque en buena medida no sean cuestiones inherentes a su responsabilidad.

El hecho tiene una razón de ser: su exposición mediática que lo ubica en el centro del escenario y bajo todos los reflectores, por lo que no puede quejarse del regreso del boomerang que él mismo lanzó.

Y por mucho que se queje y explique el efecto no puede evitarse y entre más se empeñe en negarlo, peores serán las consecuencias, porque si él aborda y trata de zafarse de las broncas que no son de él, lo único que conseguirá será mantener vivos los temas, hacer que quienes no sabían de las críticas se enteren y que el asunto siga en la agenda diaria.

Son tiempos de templanza y carácter, de aguantar como los fajadores en el ring la andanada de golpes, de planear y organizar el retorno de las vacas gordas y de determinar con precisión el momento justo del contrataque, porque no se trata solamente de salir al frente, sino de saber medirle el agua a los camotes para hacerlo a la hora adecuada; porque si se anticipa, pierde y si se retrasa pierde más.

Es la magia de la comunicación y el entender la dinámica y ritmo de la opinión pública que en ocasiones parece veleidosa, pero que de manera habitual se comporta de manera cíclica y repetitiva.

Sí, habrá factores externos como el pleito que se trae con diputados, partidos y alcaldes, además del Poder Judicial, que entrarán en la ecuación y que incidirán en el enrarecido ambiente, eso es un hecho y tampoco lo pueden evitar el gobernador y su equipo.

Samuel ya intentó en alguna ocasión explicar que algunos problemas no eran su culpa y el resultado fue desastroso: una andanada de memes, burlas y, lo que se quiere evitar, la reiteración de la culpa a través de la repetición de los señalamientos hechos por él mismo.

El Ejecutivo es también proclive a imitar al presidente que cuatro años después sigue culpando a sus antecesores de todos los problemas; Samuel tiene año y medio, pero hace lo mismo sin considerar el tiempo que lleva en el cargo y en el que los resultados no son tan espectaculares como para marcar una diferencia.

En la estrategia de este lapso que, reitero, es absolutamente normal, el primero que debe ser consciente y estar preparado es el propio gobernador quien debe además atemperar a su equipo y colaboradores para que no se enganchen en batallas que no valgan la pena y centrarse en la obtención de resultados y, sobre todo, en la siguiente etapa.

De todos modos, le van a echar la culpa de todo.

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// Francisco Tijerina

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Autor: stafflostubos
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