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Por Félix Cortés Camarillo

No es para que a nadie le motive júbilo ni a los otros muina extrema: la salud del presidente López no es buena. Se trata simplemente de las consecuencias inherentes a la condición humana. Como todos los demás, el presidente de la República, aunque a él de manera particular le cueste trabajo admitirlo, sabe que es mortal. No ha tenido el tino que tuvieron los césares romanos de escoger un esclavo –que Lopitos tiene miles– para que le acompañe en la cercanía y le recuerde al oído ese sino: memento mori: recuerda que eres mortal.

Dice Tertuliano, un crápula pecador cartaginés del Siglo II, luego apasionado del cristianismo, y que es considerado el padre de la teología cristiana –él fue el primero en fijar la Trinidad como un ente único– que lo que decían los esclavos era Respice post te. Hominem te ese memento: Mira hacia atrás. Recuerda que eres un hombre.

Para el caso es lo mismo. Los males de Lopitos han vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de su ausencia definitiva y lo que el país y sus gobernantes  tienen que hacer en esa circunstancia.

El artículo 84 de la Constitución es muy claro y específico de lo que sucede en caso de “falta absoluta” del presidente de la República. Si eso se da en los primeros dos años de gobierno, el Congreso por dos tercios elige un presidente interino para el resto del período; si es en los últimos cuatro, el congreso tiene que convocar a elecciones para un presidente sustituto. El siguiente artículo es más confuso, porque habla de una falta temporal del mandatario: si es de menos de 60 días, pase. Si es de más se asume como absoluta, aunque no esté perfectamente claro.

Hay un antecedente memorable. Don Adolfo López Mateos pasó muchos de los últimos meses de su mandato víctima de una migraña tremenda que le mantenía recluso en una habitación acolchada e insonora para que pudiera resistir el dolor. Al dejar la presidencia y renunciarle a su sucesor Díaz Ordaz del comité organizador de los juegos olímpicos de 1968, en 1965 los médicos diagnosticaron que su migraña se había convertido en un aneurisma cerebral que lo tuvo en estado vegetativo dos años hasta su formal muerte. Durante ese incierto período del que nadie habla, quien realmente administraba el país fue un hábil político michoacano de cuyo nombre no puedo acordarme, pero era conocido en los medios como El Chino. Secretario particular, cancerbero, y sobre todo enlace con la prensa.

La salud de todo gobernante debe ser objeto de escrutinio público y de transparencia informativa, no como lo que sucede en México. No se trata solamente de que la ausencia del jefe de gobierno tiene consecuencias para toda la ciudadanía. En el sistema político mexicano de presidencia omnímoda e imperial –mucho más en estos tiempos del Cuatrote– es mucho más imperativo que sepamos qué le pasa el señor presidente. 

La manera desaseada en que sus más cercanos colaboradores manejaron la infección reciente de Lopitos es sumamente alarmante. Nos echaron mentiras hasta la saciedad y tuvo que salir el propio presidente López a decir lo que le había pasado. Todo eso propiciando la abundancia de los chismes, rumores y desconfianzas.

No es desde luego el momento para pedir una reforma al 84 constitucional para que se definan los procedimientos en caso de ausencia temporal prolongada del presidente. Mucho menos para hacer los ajustes necesarios para que se transparente por mandato de ley a mantenernos al tanto del estado de salud de quien nos manda. Y a quien, supuestamente mandamos.

Pero de que es una asignatura pendiente, es una asignatura pendiente. 

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Hay muchas maneras de dar golpes de Estado. Al sur del Suchiate los trogloditas simplemente sacan a pasear sus tanques por el centro de la capital y le dicen al presidente “quítate que ahí te voy”. Cromwell no se andaba con shakespereadas y simplemente disolvía el Congreso.  El presidente López simplemente le da órdenes a sus diputados y senadores en público en su conferencia mañanera. ”Aprueben tal o cual iniciativa, sin cambiarle ni una coma”, o “que desaparezca el CONCAYT y se quede congelado el INAI” es suficiente. Cuando no hay los votos serviles y ovinos disponibles, se finge un pacto con la ingenua oposición y luego se le ve la cara y se da un albazo. 

Y en eso, Lopitos es maestro.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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