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Por Félix Cortés Camarillo

La percepción generalizada y cierta es que la tenida del presidente Lopez con su estado mayor de la guerra electoral –los virreyes de una veintena de estados de la federación, los corcholatas por él escogidos y nadie más- fue el banderazo de salida para las elecciones del 2024, que, si no ocurre un milagro, ganará el candidato a la presidencia que designe Lopitos, ya sea varón o hembra. De los puestos al Congreso no está tan claro.

            Evidentemente, el adelantado de Marcelo Ebrard, quién anuncio su renuncia como secretario de Relaciones Exteriores, tenía la bendición y aquiescencia de López. Encaja perfectamente en su estrategia de confusión para que nadie sepa quién es el as bajo la manga que colará de última hora a la boleta electoral dentro de año y pico. Y que ganará.

            Todos los asistentes a ese besamanos en los altos de la librería Porrúa de la capital, con vista al hallazgo prodigioso de la Coyolxautli, obedecieron y siguen obedeciendo al apotegma del priísmo tradicional: ¿qué horas son? Las que usted diga, señor presidente.

            Ante la podredumbre de las dirigencias partidistas de la mal llamada oposición, la efectividad del aparato de promoción del Estado y la carencia de una figura pública fuerte y sólida para enfrentar al continuismo, no hay remedio.

            Mi último refugio es que, localmente, las fuerzas de oposición –que son muchas pero no tienen un líder- puedan derrotar a Morena y su pandilla en la cámara de diputados y la de senadores, que habrán de renovar el año próximo importantes curules. Si Morena se alza con el triunfo en ese caso, estamos jodidos todos ustedes. Estaremos en el paraíso idílico que el presidente López sueña en que desde su rancho puede ordenar el desayuno a la carta para modificar cualquier precepto constitucional que le dé la gana y le convenga.

            Desde luego, en favor del Cuatrote juega la apatía, la indiferencia, el abstencionismo, pues, de los mexicanos. Sus causas son evidentes: sus consecuencias funestas.

            Todos los que nos quejamos de los desaciertos del gobierno del Cuatrote estamos conscientes de ello. Lo que pasa es que no todos vamos a votar. En el estado de México, el más prolífico de electores en el país, no votó ni la mitad del patrón electoral. Por eso ganó la profesora pilla.

            Suele decirse que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. En el caso de los mexicanos hay que admitir que los gobiernos que tendremos, si seguimos así, serán peores que el actual.

            Que ya es decir.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): ¿La matanza a mansalva de bandidos en Nuevo Laredo por parte del Ejército Mexicano será también culpa de Genaro García Luna?

‎felixcortescama@gmail.com

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Vía / Autor:

// Félix Cortés Camarillo

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Autor: lostubos
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