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Libros de texto: el fascismo contra la revolución de las conciencias

Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

@lostubosmty

Siendo secretario de Educación Pública Ernesto Zedillo, le pregunté qué opinaba de la frase de Carlos Monsiváis acerca de que la “verdadera Secretaría de Educación es Televisa”, no supo responder, se salió por una tecnócrata tangente. Muchos años después, el evasor de impuestos Ricardo Salinas Pliego manda a su jauría de conductores de TV Azteca a calumniar, mentir y asustar con el petate del muerto acerca de que los libros de texto gratuitos son comunistas, que promueven el virus del comunismo. Si a Salinas Pliego realmente le interesara la educación de los niños y ciudadanos, no tendría una programación tan mediocre en sus medios de comunicación.

La confrontación de la oligarquía en contra de la Cuarta Transformación también es una lucha ideológica y, por tanto, social. No es nuevo, lo mismo sucedió a mediados del siglo pasado cuando se introdujo en la educación pública la gratuidad de los libros de texto. Uno de los problemas de la derecha es su falta de ideólogos o, bien, creen que la ideología se trata de gritos y sombrerazos. La derecha no tiene ideas, tiene intereses.

Cuando sucedieron las marchas del conservadurismo en contra de los libros de texto, ese gran periodista que fue José Alvarado escribió: “El acto de proporcionar libros de texto gratuitos… puede ser el primer paso importante contra la carestía de la letra impresa. Al menos los libros donde los niños aprendan las nociones primeras, no servirán ya para enriquecer a ignaros mercaderes ni empobrecer a padres de familia. Es algo positivo” Excélsior, 14-I-1960). Pepe Alvarado tuvo razón.

El neoliberalismo canceló la identidad nacional y el civismo para introducir el egoísmo, el aspiracionismo como forma de vida. Escribió Boaventura de Sousa Santos sobre dos consecuencias fatales: “tolerar o incluso promover un sistema de educación que fomenta los valores y las subjetividades que sustentan el capitalismo y las relaciones coloniales, racistas y sexistas”.

El teórico portugués describe otra consecuencia fatal: “Negarse a imaginar (o ignorar cuando ocurren) formas alternativas de organizar la economía, concebir la democracia, organizar el Estado, practicar la dignidad humana, dignificar la naturaleza, promover formas de sentir y de ser solidarias, sustituir cantidades y gustos infinitos por la proporcionalidad, dejar de lado euforias desarrollistas en beneficio de límites justos y fruiciones comedidas, promover la diferencia y la diversidad con la misma intensidad con la que se promueve la horizontalidad. Al presentarse como fatales, estas dos consecuencias son inhumanas”.

Los nuevos libros de texto promueven la revolución de las conciencias; sus inquisidores, como Salinas Pliego y el dirigente panista, Marko Cortés, la quema de los libros o arrancar las páginas con las cuales los padres de familia no estén de acuerdo y, así, la abyección, la intolerancia, el fascismo de la oligarquía.

Históricamente, el fascismo y el totalitarismo adoctrinan; la apuesta de la 4T es educar: contra el aspiracionismo egoísta, crear ciudadanos libres, incluyentes, diversos, responsables, creativos, críticos, que desarrollen el humanismo del pensamiento, el conocimiento y su conjunto de sentimientos (Pedagogías del siglo XXI. Alternativas para la innovación educativa. Jaume Carbonell Sebarroja, Octaedro, 2015).

La lucha ideológica de la Cuarta Transformación contra la oligarquía es la lucha de la revolución de las conciencias –la de la emancipación– contra el fascismo, la intolerancia, el clasismo, el colonialismo, el racismo, el sexismo, la desigualdad. Y en este combate la derecha facha está moralmente derrotada.

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// José Jaime Ruiz

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Autor: stafflostubos
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