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El PRIAN de NL explicado a los niños

Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

@lostubosmty

Luis Enrique Orozco Suárez, “gobernador interino” de Nuevo León, casi personaje de una canción de Joaquín Sabina:  “Más triste que un torero al otro lado del telón de acero”. Luis Enrique va de ningún lado a ninguna parte, quiso ejercer el pase de revista a Fuerza Civil y se lo impidieron, citó al gabinete estatal y lo batearon. Lo suyo es ser carne de cañón ya sea en su increíble y triste historia de la cándida Debanhi Escobar o ahora de su jefe fáctico, Adrián de la Garza, y mafia que lo acompaña, como son el panista Zeferino Salgado y el priista Francisco Cienfuegos. Habitué del vacío administrativo y gubernamental, Orozco Suárez deambula en el laberinto de su soledad.

Desde el arco de la tensión política, Luis Enrique Orozco es –resta y regresión– el último venablo del matrimonio bien avenido entre el PAN y el PRI. Subordinado a las exigencias de Adrián de la Garza y el PRIAN, Orozco deja su dignidad a un lado y en la representación teatral de una “gubernatura interina” funciona como baratija, quincalla, desecho, sobrante o, lo que es lo mismo, actor de pacotilla.

El padre de la concertacesión del PRI al PAN fue el exgobernador José Natividad González Parás, cesión, aclaro, no cogobierno ni cohabitación. El inicio del amasiato político se dio cuando González Parás aceptó el cambio de la Constitución local para que, menor al cargo, el panista Raúl Gracia accediera a la Judicatura. Nati le abrió de par en par las puertas al PAN.

Si todo aquello recibido debe ser objeto de sospecha, hay que reescribir los dos sexenios de desastre que padeció Nuevo León con Rodrigo Medina de la Cruz y con Jaime Rodríguez Calderón. La Vieja Cúpula del PAN (Fernando Canales, Kana Fernández, José Luis Coindreau…) fue desplazada por la Nueva Cúpula representada por la Santísima Trinidad: Fernando Larrazabal, Raúl Gracia y Zeferino Salgado aunque, a instancias de Adrián de la Garza y Rodrigo Medina, luego se deshicieron de Larrazabal a través del llamado “quesogate” de Red Casino.

El PRIAN creció durante el sexenio de Rodrigo Medina y fue ahí donde Francisco Cienfuegos y Zeferino Salgado apostaron por una ruta política de cercana distancia; distancia en lo electoral y cercanía en los negocios. Aquella simulación terminó, en el 2024 el PRI y el PAN van juntos, por eso el simulacro de imponer a Luis Enrique Orozco porque lo que no ganaron en las urnas lo quieren obtener en la mesa legislativa y judicial.

Bajo el sexenio del Bronco el PRIAN se consolidó. Trazaron la ruta de obtener, si no la gubernatura (el Bronco resultó muy manejable), sí la cogobernabilidad y el agandalle de organismos como la Fiscalía y la Auditoría Superior, entre otros, para ejercer algo que les es consustancial, es decir, la corrupción y, obvio, la impunidad. Durante ese sexenio todos se enriquecieron, los ladrones siguieron bailando.

En las reglas de su relato, Chefo y Paco pensaron que con la llegada de Samuel Alejandro García Sepúlveda a la gubernatura habría PRIAN con lo mismo. Se equivocaron, por eso sus chantajes políticos que, si funcionaron con el Bronco, con Samuel García no. El lawfare, velando por los intereses del PRIAN, quitó la candidatura emecista a Samuel, pero no el gobierno de Nuevo León… aunque seguirán intentándolo.

Pensando en su desafuero, el presidente Andrés Manuel López Obrador sólo reconocerá a García Sepúlveda como el gobernador legítimo. Quienes aseguran que la Suprema Corte de Justicia confirmó a Orozco Suárez como gobernador interino, se equivocan, su cronología de resoluciones es previa al acto de Samuel de reasumir la gubernatura. En ningún caso se trata de que el Congreso evalúe si el gobernador regresa o no de su licencia, inclusive eso va en contra del Artículo 16 de su Reglamento para el Gobierno Interior. Modo, modo, escribió Petronio.

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// José Jaime Ruiz

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Autor: stafflostubos
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