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Honduras… y a barrer la casa

Por Francisco Villarreal

“EE. UU. detonó un escándalo de corrupción que sacude a México”, así cabecea The New York Times este 3 de mayo una nota de su edición en línea en español. Lo que diga la nota ya es irrelevante, porque el titular nombra al autor de un efecto bien planeado desde los corruptos entresijos de un gobierno que no oculta su intención expansionista e intervencionista en América Latina. La “detonación”, el “escándalo” y la “corrupción” que nombra, al más puro estilo amarillista de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, más que hechos, parece una exposición de objetivos. No se si NYT también ha señalado la complicidad del gobierno trumpista con narcotraficantes, sea como comprador de oro, o bien negociando con capos y hasta liberando a verdaderos narcopresidentes, como el ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández. Que yo sepa, NYT no ha abordado el caso del “Hondurasgate”, donde audios exponen una presunta conspiración para indultarlo, liberarlo y ponerlo a la cabeza de una operación dirigida contra gobiernos progresistas latinoamericanos, incluyendo a México. Los audios, cuestionables como cualquier filtración, son muy verosímiles. Desentrañan una operación financiada por sionistas israelíes y el Partido Republicano, encabezada por Donald J. Trump, y secundada por el bufón de Mar-a-Lago, Javier Milei, que podría no ser narcopresidente pero sí es un estafador, como Trump. No hay que olvidar que Juan Orlando Hernández fue indultado, no exonerado; sigue siendo un delincuente convicto y, además, fue el narcopresidente de un verdadero narcogobierno, plenamente demostrado por la Justicia estadounidense.

El problema con la información, con toda ella, es que ya no sabemos en qué confiar. Las oportunas acusaciones contra políticos mexicanos no detonan nada más que desconfianza en quienes las emiten o las replican. No necesitamos ser conspiracionistas para acomodar las piezas sueltas de esas filtraciones hondureñas con hechos verdaderos actuales y pasados. Por ejemplo, la premisa de batalla de la ofensiva trumpista, los “narcogobiernos”, no es nueva. Existe hace mucho tiempo, antes incluso de ser usada contra AMLO y Sheinbaum. Esa colusión de gobiernos y funcionarios públicos con el crimen organizado ya era “vox populi” durante los gobiernos prianperredistas, y confirmado durante el narcogobierno del panista Felipe de Jesús Calderón y su “sottocapo” Genaro García Luna. También es de sobra conocido que la CIA, los amigos de la gobernadora panista de Chihuahua, Maru Campos, usaron y fortalecieron cárteles de narcotraficantes para usarlos en los intereses políticos de Estados Unidos en Latinoamérica. La CIA no combate el narcotráfico, lo utiliza. Así que el “Hondurasgate” se hace cada vez más verosímil.

En México, la presión en ese tema no inició con Raúl Rocha Moya, hoy gobernador con licencia y sin fuero. Yo no podría asegurar su culpabilidad ni su inocencia. Ni el gobierno mexicano, y mucho menos los medios, nos dan información confiable en uno u otro sentido, y desde la Fiscalía gringa toda información es, por definición, cuestionable, falsa y/o tendenciosa. Ser morenista no es ser impoluto ni impermeable a la corrupción. Sobre todo si consideramos que la estructura partidista de Morena se formó con muchos tránsfugas que no entienden la diferencia entre movimiento social y partido político. La pericia política de estos peregrinos sigue siendo la de los partidos que abandonaron y, sin pretender beatificar a Morena, PT y PVEM, si hay partidos políticos mexicanos que son sinónimos de corrupción y oscuras complicidades, esos son precisamente PAN, PRI y PRD. La “detonación” que dice NYT no está “sacudiendo” a México. No está conmocionando a la sociedad ni poniendo en riesgo la estabilidad del gobierno federal desde la óptica ciudadana. Lo que ha sacudido la denuncia estadounidense contra el gobernador con licencia de Sinaloa, ha sido la polilla de la oposición al régimen de Sheinbaum. El escándalo, convenientemente replicado en los medios, existe y vocifera extramuros de Palacio Nacional. Intentan resucitar a los opositores delirantes que se cansaron de carnavalescas marchas rosas y afónicas protestas. Urge a Trump y al siniestro sionismo internacional imponer su narrativa, proyectar una imagen de inestabilidad en México para intervenir y retomar el control yanqui de los gobiernos y partidos mexicanos. Justo lo que haría la operación denunciada en el “Hondurasgate” contra México y los países con gobiernos progresistas. No sé si Rocha Moya gobernó en complicidad con el crimen organizado, pero es obvio que no gobernó a las órdenes de Washington. En estos tiempos difíciles para la soberanía de todos los países del mundo, no estaría muy seguro de cual de las dos complicidades sería la peor… aunque en el fondo son lo mismo. El gobierno estadounidense, terrorista, pirata, autocrático, asesino y genocida, está presidido por un delincuente convicto, aliado con un criminal genocida en Israel. El más sanguinario de los cárteles se queda corto comparado con ellos.

No estaría de más volver al caso de la guerra ilegal de Trump y Netanyahu contra Irán. Es  muy ilustrativo. Irán, con un régimen teocrático y militarista, no es la aspiración de una democracia en el mundo. Las leyes islámicas son particularmente duras con las mujeres y los homosexuales, y en general pueden ser brutales contra cualquier delito. Un régimen así no despierta muchas simpatías. Aún así, la oposición a la guerra sionista contra Irán se generaliza en el mundo, e incluso entre ciudadanos de Estados Unidos e Israel. La estrategia sionista de señalar a los malos para justificar atacarlos ya no está funcionando. La credulidad hoy ya no es la de los ingenuos que creyeron en las ficticias armas químicas, biológicas y nucleares de Sadam Hussein. Los “motivos” de Trump y el lobby criminal sionista hoy sólo los creen los fanáticos. El llamado “Hondurasgate”, así sea cuestionable, también es posible y además probable. El complot mundial del sionismo y la ultraderecha, que son prácticamente lo mismo, tiene cada vez más problemas para desmentir a quienes lo exhiben, aun cuando tengan razón, porque han asfixiado su credibilidad en aspavientos teatrales de personajes como Trump y su camarilla, el payaso de Milei, el sumiso de Noboa, o el dictador “cool” de Bukele, entre otros.

De plano, la “detonación” que dice NYT no está afectando al régimen de Sheinbaum más de lo que normalmente le afectan los dislates de la oposición en el Congreso y en los medios. No se derrumba el régimen, más bien le da a Sheinbaum y a la 4T, especialmente a Morena, la oportunidad de barrer la casa y poner la basura en la basura. Esto es más urgente que entrar en dimes y diretes con Mar-a-Lago, porque la depuración es fundamental no sólo para darle continuidad y fortaleza al movimiento, también para enfrentar las acometidas orquestadas desde Estados Unidos (e Israel), para expulsar a los aliados de la 4T del poder. Y lo más seguro es que esa guerra que ya se libra contra los mexicanos sea más intensa y mejor financiada que las que enfrentaron AMLO y Sheinbaum en sus campañas. Sólo me queda una duda: ¿a cuál de los narcotraficantes mexicanos que Estados Unidos condenó o que procesa se le concederá el indulto presidencial para imponerlo como candidato y eventualmente como presidente de México? Porque no creo que el caso del narco expresidente de Honduras sea excepcional, y porque Trump y sus secuaces son proclives a tratar con delincuentes… Ha de ser porque hablan el mismo violento y sanguinario lenguaje.

José Francisco Villarreal ejerció el periodismo noticioso y cultural desde los años 80. Fue guionista y jefe de información en Televisa Monterrey. Editó publicaciones y dirigió el área de noticias en Núcleo Radio Monterrey. Durante el neolítico cultural de Nuevo León, fue miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos”, de periódico “El Porvenir”; además fue becario de la segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha publicado dos poemarios: “Transgresiones” y “Odres Viejos”. Actualmente en retiro laboral, cuida palomas heridas y perros ancianos mientras reinventa la Casa de los Usher.

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// Francisco Villarreal

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Autor: lostubos
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