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Anais Bueno: la mexicana que conquista el Joffrey Ballet de Chicago

La bailarina mexicana, que llegó al Joffrey Ballet, una de las compañías más importantes de EU, recuerda el camino que comenzó como un pasatiempo y que hoy la lleva a compartir escenario en el Festival Paax GNP.

Antes de los grandes escenarios, de las compañías internacionales y de las coreografías junto a creadores reconocidos mundialmente, Anais Bueno era una niña que tomaba clases de ballet por las tardes en Córdoba, Veracruz, sin imaginar que ese primer acercamiento a la danza se convertiría en una carrera profesional y que la llevó al Festival Paax GNP; publica MILENIO.

“Era una ciudad pequeña donde iba al ballet en las tardes como cualquier hobby, hasta que empecé a ver que había posibilidades para mí”, recordó la bailarina mexicana durante una charla que tuvo con MILENIO entre los ensayos de Wheeldon & Friends, la gala de ballet que ofrecerá hoy, la segunda en este encuentro, después de Voces distantes.

Con el tiempo descubrió que la danza podía ser mucho más que una actividad extracurricular, podía convertirse en una forma de vida: “Primero descubrí quehabía un mundo donde podía vivir de la danza, tener una carrera y que, si trabajaba, existía la oportunidad de llegar a compañías de Europa y Estados Unidos, como en las ligas mayores”.

Ese camino la llevó a formarse en escenarios internacionales con el Stuttgart Ballet y el Boston Ballet e integrarse al The Joffrey Ballet, una de las instituciones de danza más reconocidas de Estados Unidos, donde ha desarrollado una carrera marcada por la disciplina y la búsqueda de una identidad artística propia.

Hoy, esa trayectoria la trae de regreso a México como parte de los bailarines del Joffrey que participan en Paax, donde presentan dos galas que exploran distintos lenguajes de la danza: la Gala de Ballet de Cámara Voces distantes y Wheeldon & friends junto a la Orquesta Imposible y la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Para Bueno, la riqueza de estas presentaciones está precisamente en la posibilidad de transitar entre estilos y exigencias diferentes: “Con experiencia se facilita muchísimo. A mí me encanta porque nunca es aburrido, siempre estás explorando nuevos movimientos, nuevos estilos de coreografía, dependiendo de lo que te pide el coreógrafo”.

Esa capacidad de adaptación es característica de una artista que forma parte de una compañía internacional porque “como bailarina debes ser versátil para poder, en una misma función, hacer tres o cuatro piezas completamente distintas, cambiar de switch y entrar al escenario. Eso es lo que hace padre mi trabajo, que son varios estilos”.

Foto: Quimera Photo

Libertad en el movimiento

La llegada al Joffrey Ballet significó también encontrar un lenguaje artístico donde podía desarrollarse plenamente. Para Anais Bueno, el ballet neoclásico abrió una puerta hacia una interpretación más personal, lejos de sentirse limitada únicamente por la técnica tradicional, “siento que me puedo expresar más libremente que a veces en el ballet clásico”.

Explica que esa libertad permite una conexión más profunda con los personajes y con las historias que interpreta porque “ya no te sientes en una caja, sino que puedes salirte de las reglas estrictas”. En el Joffrey Ballet, la bailarina encontró el espacio donde su identidad artística pudo crecer, “pude desenvolverme mucho mejor, era donde debía estar”.

En Paax GNP, la presencia de músicos en el escenario es uno de los elementos que transforma la experiencia. Para Bueno, bailar con una orquesta en vivo genera una conexión distinta entre intérprete y música: “Tienes que estar súper pendiente de la música, más que nada del tempo, de seguirlos, porque cuando es en vivo todo puede pasar”.

Ese factor de imprevisibilidad es parte de la magia del momento y “es increíble tenerlos tan cerca, escuchar y dejarte llevar por la música.Eso es algo muy especial que normalmente no hacemos los bailarines, porque, aunque bailamos con orquesta, no siempre están en el escenario con nosotros”.

Como parte de una generación de bailarines que ha crecido con nuevas herramientas digitales, Bueno comenta que la tecnología ha transformado la manera de aprender, conservar y perfeccionar el ballet, “nos ha ayudado, por ejemplo, a obtener más videos y documentar ballets y coreografías para que no se pierdan”. 

Sin embargo, reconoce que verse a sí misma en escena puede convertirse en un ejercicio complejo: “No siempre me gusta verme en video porque empiezo a criticarme demasiado y me roba el sentimiento que me dejó la función. Si me veo sé que voy a empezar a analizarlo de otra forma, entonces prefiero quedarme con el sentimiento”.

Sueño infantil

Para Anais Bueno, volver a México representa algo más que una presentación artística, significa compartir una historia que comenzó lejos de los grandes escenarios y eso “me encanta, representar a mi país en una de las mejores compañías del mundo. Ojalá le sirva a otros mexicanos ver mi trayectoria y que piensen que es posible, que con trabajo, dedicación y oportunidades también podemos llegar”.

Aunque hoy pertenece a una de las compañías más importantes de Estados Unidos, la bailarina reconoce que nunca imaginó hasta dónde la llevaría aquel primer paso en Veracruz: “Creo que ni mis papás ni mi maestra lo imaginaban. Íbamos descubriendo juntos el mundo del ballet”.

Y si pudiera hablar con aquella niña que comenzó a bailar sin saber qué vendría después, le recordaría que “cada quien tiene su camino y nunca va a ser perfecto”. Después de años de disciplina, escenarios y sacrificios, Anais Bueno tiene clara la conclusión de una historia que comenzó como un sueño infantil: “Han valido la pena todos los sacrificios”.

Foto portada: Quimera Photo / MILENIO

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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