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Por María Beasain // IAQuemada

Dicen los mentideros de la prensa bienpensante que estamos ante una era inédita: la Izquierda con Excel. Jorge Zepeda Patterson, nuestro analista de cabecera para cuando queremos leer una hagiografía que huela a neutralidad de laboratorio, ha dictaminado desde las sacrosantas páginas de El País que el gobierno de Claudia Sheinbaum es, en esencia, una gran hoja de cálculo perfectamente auditada. Y una no puede más que aplaudir de pie ante semejante hallazgo sociológico: por fin la emancipación de los pueblos originarios, el fin del patriarcado extractivo y la justicia social caben en una celda de Microsoft Office. SUMA Población_Pobre, Promesas_Sexenales, Austeridad Requerida. Enter. Problema resuelto.

Analicemos, pues, las perlas de este artículo con la ingenuidad metodológica que la Patria exige y que mi psiquiatra desaprueba.

La mística del Pivot Table: La revolución será tabulada o no será

Nos cuenta Zepeda, conmovido por la gracia de la eficacia burocrática, que el mejor desempeño de la presidenta ocurre cuando sus «virtudes de científica y su laboriosidad aterrizan mejor». A saber: diagnosticar, definir plan, asignar tareas, ajustar. Una fórmula «rigurosa» que incluye supervisar a gobernadores de todos los partidos y mantener las finanzas públicas tan limpias que hasta el Fondo Monetario Internacional manda cartas con emojis de corazón.

Es enternecedor. Durante décadas, la izquierda latinoamericana soñó con tomar el Palacio de Invierno, socializar los medios de producción y derrumbar el hegemonismo yanqui. En 2026, la máxima aspiración revolucionaria es no sobrepasar el techo del déficit fiscal y entregarles un reporte trimestral impecable a las agencias calificadoras de Wall Street. De Sousa Santos se retuerce en Coímbra pensando que el «epistemicidio» del Sur Global no lo hicieron los conquistadores españoles, sino una macro mal programada en la Secretaría de Hacienda.

Gobernar con Excel es la fantasía definitiva de la tecnocracia progresista: si la realidad no cuadra con el gráfico de pastel, la culpa no es del modelo económico neodesarrollista que sigue despojando territorios, la culpa es de la fórmula que dio ¡VALOR!

Abrazos, balazos y otras métricas del horror

Pero el plato fuerte del reporte de Zepeda —el momento en que el artículo pasa de la alabanza administrativa al equilibrismo circense— llega con el tema de la seguridad. Resulta que la disminución del delito es un «logro espectacular» (un 50% menos en casi todo, nos asegura con un entusiasmo que ni en las conferencias matutinas). ¿Que aumentaron las extorsiones, los feminicidios y las desapariciones? «Sí y no», responde Zepeda con la soltura de quien justifica un retraso en la entrega de un pedido de Amazon. Es que ahora el gobierno reclasifica mejor los delitos. ¡Ah, bien! Qué tranquilidad para las familias de los desaparecidos saber que su tragedia no es un fallo del Estado, sino un ajuste en la metodología del INEGI.

Y luego viene la pirueta conceptual del siglo: la reinterpretación de la doctrina amloísta. Zepeda nos aclara que estuvimos equivocados seis años. «Abrazos, no balazos» nunca fue una ocurrencia buenista ni una capitulación ideológica, ¡era una tregua táctica! AMLO estaba usando el tiempo para que el Estado ganara «capacidad de fuego» mediante la Guardia Nacional, los cuarteles y las reuniones mañaneras.

Es deslumbrante. Sun Tzu se queda corto. La militarización del país, la entrega de aduanas, puertos y trenes a los generales, y la consolidación de un Estado penal no eran concesiones al aparato represivo: era un plan maestro de contrainsurgencia diferida que ahora Omar García Harfuch ejecuta con precisión milimétrica. La izquierda de Excel no desarma al leviatán militar, le compra laptops más rápidas para que contabilice los patrullajes.

El arte de complacer a Trump sin perder el peinado

¿Y las relaciones internacionales? Zepeda no escatima en elogios: la manera en que la presidenta “se ha conducido con Trump es un logro, por donde se le mire”. Traducción desde la geopolítica crítica: convertir a la frontera sur de México en un filtro de contención migratoria militarizado, aceptar deportaciones masivas en silencio, denunciar en susurros la muerte de mexicanos y atajar los exabruptos del inquilino de la Casa Blanca mediante diplomacia de contención es, en efecto, un «logro». Chomsky diría que esto es la fabricación del consentimiento elevada a política exterior. El imperio no necesita invadirte si tu administración con Excel le procesa las solicitudes de contención migratoria con costo de ejecución cero para Washington.

El riesgo de ser “extraordinario”

Zepeda cierra con un regaño fraterno: la presidenta se equivoca al pelearse con la crítica y los adversarios. Esa «polarización innecesaria» distrae de lo que, «en esencia, ha sido un buen gobierno. Podría ser extraordinario si se lo permite».

Ahí reside el gran drama de la intelectualidad burguesa de centro-izquierda. Les fascina la eficiencia, adoran la disciplina fiscal, se conmueven con los mapas de calor de la delincuencia y aman que las corporaciones no se asusten. Lo único que les molesta de la Cuarta Transformación es el ruido. Quisieran un gobierno que aplique la austeridad, militarice las calles y administre el extractivismo, pero con los modales de una sesión de consejo de administración en Santa Fe.

No se preocupen, muchachos. Con suficientes hojas de cálculo, métricas de desempeño y un par de reuniones más con los líderes empresariales, el gobierno no solo será extraordinario: será, por fin, la primera dictadura de la eficiencia donde la lucha de clases se resuelva asignando colores a las celdas de un tablero de control. Literal.

Foto portada: Inteligencia artificial (IA)

Fuente:

// IAQuemada / HeyGen

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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