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Por Félix Cortés Camarillo

Las arremetidas cotidianas del presidente López en contra de las instituciones que tanto nos ha costado edificar a los mexicanos es por desgracia algo a que, por la fuerza de la repetición, lo consideramos un padecimiento endémico: ya está aquí y tenemos que conformarnos a vivir con ella. Lo que resulta irritante en grado superior es que los miembros de su gobierno, en el afán trepador que caracteriza el tercer año de todos los sexenios, aunque en este el mismo presidente López haya decidido desatarlo mucho antes, se desvivan como meritorios ante los ojos del Dedo Mayor que habrá de tomar la gran decisión que mantiene a los suspirantes en vigilia.

Cada uno en su ámbito, los funcionarios de todos los niveles se desviven por agradar al señor del gran poder. En elogios al aeropuerto Felipe Ángeles, rechazo a las voces que piden respeto a la ecología de la península de Yucatán o abiertamente convocando a participar en la farsa del próximo domingo que busca una ratificación de la fe ciega en Andrés Manuel disfrazada de la muy positiva alternativa de mandarlo a su casa. Ese ejercicio, en el bajo número de quienes acudan a emitir su voto –y que me perdone Armando Fuentes Aguirre, Catón– expresará la magnitud del rechazo a la demagogia que en estos tres años ha imperado hasta la saciedad y con ejemplar maestría en nuestro país.

La irritación se eleva cuando las violaciones de leyes y principios que cuando eran oposición los que hoy son poder impulsaron, defendieron y aprobaron con su voto, se ornamenta con voces de cinismo.

El secretario de la Gobernación, Adán Augusto López, es considerado como el “caballo negro” en el tapadismo presidencial, la corcholata que en su momento el presidente López habrá de sacarse de la manga cuando Claudia Scheinbaum deje de ser delfín designado, y la frágil e inane oposición se pliegue a las decisiones del Jefe Máximo. Pues este señor, responsable de la política interior en nuestro país, no solamente se fue a Sonora a promover la farsa presidencial del diez de abril. Lo hizo además presumiendo de la impunidad que protege hoy su actuar. Y la que, según está seguro, le seguirá protegiendo en el futuro con un manto más grueso y resistente. Cuando a don Adán se le hizo tímida advertencia de que promoviendo la participación en los sufragios del domingo próximo estaba violando las disposiciones del INE, respondió que no le preocupaba porque ellos ya van de salida. “Los veremos pasar con la cola entre las patas” dijo el político. Si duda tiene información privilegiada sobre la iniciativa presidencial de reforma electoral y las votaciones en el Congreso que la deben aprobar.

Y es que la gran ofensiva del presidente López en su intención de permanencia, del resurgimiento del no-somos-como-antes Maximato, no es el Tren Maya, la militarización del país o la muerte de la autonomía de las instituciones nacionales cuya lista comienza por la UNAM y termina con el Banco de México. Y la joya de la corona, la batalla que culminará la guerra, es la desaparición del Instituto Nacional Electoral en su actual forma. Según anuncia el presidente López, las autoridades electorales serán electos por el pueblo noble y sabio. Ese que va a las urnas acarreado por los delincuentes del partido en el poder o intimidado por los pistoleros delincuentes que reciben de los otros abrazos en lugar de balazos.

Democracia pura. 

PILÓN PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya dio ayer el presidente la fórmula electoral: si en una elección va a haber violencia, mejor que no haya. Elecciones. Ya sabemos entonces en dónde van a anular los votos en contra, por las amenazas de la fuerza.

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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