Por José Jaime Ruiz
El estilo plural de gobernar de la presidenta Claudia Sheinbaum se diferencia del estilo personal de gobernar patriarcal al que nos acostumbró el sistema político mexicano, la llamada presidencia imperial; lo suyo no es un ejercicio unipersonal sino de equipo, liderazgo del esfuerzo compartido. En la transición del viejo al nuevo régimen, el estilo personal de gobernar del presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo que echarse a cuestas la tarea titánica de enfrentar al neoliberalismo desde todos sus frentes; transgresor, rompió una regla política elemental: “no hay que pelear con todos, por todo y al mismo tiempo”. A pesar de los vaticinios, AMLO emergió triunfante y forjó la infraestructura para el nuevo régimen. La calidad moral de López Obrador pasó todas las pruebas, de él se puede decir lo que escribió Daniel Cosío Villegas acerca de los personajes de la Reforma: “Eran independientes, fiera, altanera, soberbia, insensata, irracionalmente independientes”. Claudia lo sabe, si como nación nos hace ver más lejos, es porque la subimos a los hombros de un gigante.



