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Jo Strømgren convierte el futbol en danza con “A Dance Tribute to the Football”

Jo Strømgren Kompani lleva más de tres décadas desafiando fronteras entre la danza, el teatro, lo cotidiano y el futbol. Originaria de Noruega, la agrupación construyó su nombre a partir de propuestas escénicas que mezclan lenguaje corporal, humor y objetos comunes para pensar la vida contemporánea.

Su pieza A Dance Tribute to the Football, creada en los años 90 por Strømgren junto con cuatro amigos, surgió como una propuesta entre artistas y futbolistas: quitarle el sonido a un partido, mirarlo como si fuera danza y traducir esos movimientos a escena.

Lo que nació como un ejercicio juguetón, terminó convirtiéndose en un éxito internacional, con más de 200 representaciones en teatros y festivales del mundo. En México, la coreografía ofrecerá su frescura original: un espectáculo que hoy es un documento histórico sobre una experiencia noruega de los años 90. Ofrece una mirada de 360 grados sobre el fenómeno del futbol, es lúdica, íntima y colectiva.

Se presentará el 19 y 20 de mayo en el Teatro Julio Castillo en Ciudad de México, en el marco de los 120 años de relaciones diplomáticas entre Noruega y nuestro país.

MILENIO habló con Jo Strømgren sobre los orígenes del proyecto, la relación entre deporte y danza, el estilo de su compañía y la manera en que una idea simple puede sobrevivir transformándose seis lustros después.

¿Por qué relacionó el futbol y la danza? ¿Dónde encontró la coincidencia entre ambos lenguajes?

Fue algo muy natural. Antes me interesaban un montón de cosas, a veces veía deportes y quitaba el sonido, ponía música clásica o lo que fuera para mirar los movimientos en otro contexto. En inglés existe una expresión, beautiful game, y ahí ves que muchos gestos del futbol funcionan como la danza. Hicimos la pieza hace 30 años: el equipo original éramos cuatro amigos y yo, todos jugábamos al futbol. Hoy es difícil encontrar bailarines que hayan sido futbolistas, así que los intérpretes tienen que aprender ese estilo y a veces les cuesta trabajo. Pero esa mezcla es muy rica: hay escenas que son pura danza y otras que remiten al juego de una manera lúdica.

¿Qué posición jugaba?

Siempre como defensa, es mi naturaleza, no soy agresivo, más bien custodiaba y daba protección. La idea original de la obra se dio porque estábamos cansados de la danza contemporánea, de las modas que imponen una actitud cool. Entonces nos dedicamos unas semanas a experimentar, hicimos funciones en dos ciudades. Un día, el programador de un festival alemán vio aquello, dijo “esto es nuevo” y de pronto ya estábamos de gira. Fue una idea tan tonta y simple que funcionó: cuando intentas ser demasiado listo o intelectual, la comunicación falla. Está demostrado que las ideas sencillas van directo al público.

Foto: Especial
Foto: Especial

¿Cómo define su estilo coreográfico? ¿Tiene un estilo Jo Strømgren Kompani?

Es un dilema. No vengo de una escuela con una ideología fija. Mezclo danza con teatro de títeres, teatro hablado, ópera e incluso cine. Para mí, una idea genera su método y por tanto su estilo. En el caso del futbol no puedes pasar una hora jugando en escena. Hay que mostrar sus distintos lados: lo histórico, lo artístico, lo malo, lo político y también los recuerdos personales, como la infancia y hasta los recuerdos de las vacaciones. Cada escena presenta un punto de vista distinto, nuestra intención fue ofrecer una mirada 360 grados para que la gente saliera del teatro pensando en futbol desde otro ángulo.

¿Cuál fue la primera imagen que le vino a la mente cuando creó esta pieza?

La imagen que más me interesó fue la escena final: los jugadores en la ducha desnudos, moviéndose muy lentamente con música de Schubert. Es el único lugar del mundo del futbol donde todos somos iguales: la ducha es una escena de inocencia. Había hecho muchas producciones en todo el mundo, pero nunca una ducha. A esta imagen sumamos escenas que imitan un partido uno a uno, aunque eso es lo menos interesante, pero lo dejamos para que el público reconozca que está viendo algo sobre futbol.

El humor es característico de su trabajo. ¿Qué papel juega aquí?

A veces intento ser serio y la gente se ríe; otras veces trabajo con ironía y no funciona fuera de Escandinavia. No sé exactamente por qué la gente se ríe, puede ser por el timing, por una mirada. En Noruega hay un humor particular: durante siglos fuimos una colonia y eso cultivó un humor específico, el de los “perdedores”, que comunica de otra manera al humor inglés, el francés o el estadunidense. Pero el humor depende del país, en muchas partes la danza contemporánea no se considera divertida, así que la risa sorprende. En México imagino que la gente se va a reír, no lo veo como un problema.

¿Qué reacciones del público recuerda, especialmente de quienes no esperaban lo que ven?

Hay gente que odia este tipo de danza porque no representa otra cosa, pero a la mayoría les encanta la movilidad. Cuando la audiencia entiende el tema, se crea una especie de comunidad en la sala: todos reconocen gestos, experiencias televisivas o vividas. Eso es raro en la danza contemporánea, donde las interpretaciones se disparan. A veces tenemos que explicar después de la función de qué se trataba. Con el futbol, en cambio, puedes entrar al teatro, pasar una hora entretenido y salir pensando que viste un espejo de lo que conoces. Es quizá la pieza más simple de nuestro repertorio.

¿Cómo ha cambiado A Dance Tribute to the Football en 30 años?

Prácticamente no la hemos cambiado. Cuando empezamos a girar, surgieron muchas otras producciones sobre futbol y danza, pero muchas desaparecieron. Nosotros decidimos conservar la versión original como un documento histórico de lo que pasó en Noruega en los 90. No quisimos competir con shows institucionales o musicales que copian la idea. En una ocasión, Andrew Lloyd Weber estaba en primera fila en nuestro estreno en Londres tomando apuntes para su musical de futbol The beautiful game.

“Para la presentación en México, la pieza se ensayó un par de semanas en su origen y quedó como estaba. Sorprende que una idea simple haya perdurado: muchas veces lo complicado no comunica, lo sencillo sí.

¿Cómo enseñan a bailarines que no vienen del mundo del deporte a “hablar” el lenguaje futbolístico?

Les enseñamos pasos y gestos específicos, tienen que adaptar su técnica a otro ritmo y a otra energía. Los bailarines de escuela clásica suelen no venir del deporte, son mundos distintos. Esa energía física del juego no la conocen de entrada, ese es el aspecto más difícil de transmitir a los intérpretes nuevos, que en ocasiones han sufrido lesiones y dolores por todas partes.

“De vez en cuando vienen futbolistas profesionales, muy escépticos, y terminan encantados porque la obra refleja la seriedad con que cualquiera se toma su profesión. Hemos tenido un feedback muy enriquecedor de jugadores y aficionados. También ha habido reacciones más conservadoras, por ejemplo, por la escena de la ducha final algunos padres se sorprendieron cuando sus hijos vieron a los intérpretes desnudos. La respuesta siempre es plural.

¿Qué expectativas tiene para el Mundial 2026 y para ver a Noruega en México?

(Risas) En Noruega no solemos soñar con la Copa Mundial, así que si llegamos lejos sería un milagro. Tenemos muy buenos futbolistas que juegan en clubes del mundo, pero el equipo nacional no siempre ha funcionado. Esperamos, al menos, llegar a una fase importante, nunca se sabe.

Treinta años después, A Dance Tribute to the Football sigue funcionando como un espejo, Jo Strømgren lo resume con honestidad: “Las ideas simples cuando nacen de la curiosidad y el juego, pueden resistir el paso del tiempo y seguir provocando risas y preguntas todo el tiempo”.

Imagen portada: Especial

Fuente:

// Con información de Milenio

Vía / Autor:

// Staff

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Autor: lostubos
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