Por Francisco Villarreal
1 Mi santa madre, que en la Gloria esté, me heredó un par de vicios muy feos: avidez por las series policiacas y desayunar viendo noticieros en TV. En otros tiempos mi interés por lo policiaco y los noticieros era por mi trabajo. En el primero no era adivinar la identidad del asesino, y en las series lo hago bastante bien, sino hacer analogías, identificar causas y contextos, prever consecuencias, ubicar fallos u omisiones en los procesos de investigación y judicial, en fin, hacer todo lo posible para que la emisión de la “nota roja” fuera socialmente útil. La idea era impedir que el no siempre respetable público tuviera oportunidad de erigirse en juez de los criminales o de las víctimas, y sí del crimen mismo como hecho social. ¡Difícil trabajo entonces, casi imposible hoy! Este lunes, desayunaba (pan pita con zaatar), y al tiempo veía un noticiero en TV, el mismo que solía ver mamá. Aparece un editorialista, hijo de un ilustre filósofo, y me resigno. Ya sabía que lo iba a escuchar hablar sobre cualquier cosa, hasta del Pato Donald, pero que invariablemente llegaría a emitir críticas feroces a Morena y, por extensión, a la Cuarta Transformación. Las críticas, feroces o tibias, son perfectamente válidas cuando se sustentan en argumentos, pero en este caso no suele haber sustento argumental sino percepciones y predisposiciones. El señor, tan respetable como el público de la nota roja, usó como recurso esta vez el caso del gobernador CON licencia y SIN fuero Rubén Rocha Moya, un caso que exige esclarecimiento, pero del que yo no espero claridad sino turbiedad en su proceso ante la justicia estadounidense… Sí, “justicia” en minúsculas, porque es evidente que el sistema judicial estadounidense, salvo excepciones muy honrosas y heroicas, está contaminado por el gobierno fascista de Donald Trump.
2 No sé si el hoy académico y “político independiente” cargue aún lastres de su paso por el PRI y el PRD que le induzcan esa tirria hacia la izquierda cuatrotetista. Político migrante, como muchos oportunistas que se integraron a la 4T y más que pretenden hacerlo, pero lo peor que puede pasar con alguien que se presume analista político crítico es volverse predecible. Lo sé bien porque me pasa todo el tiempo. Y a este señor le sucede con la 4T lo mismo que a mí con el fascismo trumpista, la alarma en mí y la urgencia en él, nos ofuscan. Mi ventaja es que la perversidad y descaro del sionismo/fascismo internacional confirman mis temores diariamente. Sí, me preocupa el caso de Rocha Moya, pero lo veo como un tema que incumbe a los mexicanos y debe ser esclarecido y juzgado en y por México si lo amerita. Hasta ahora no acabo de entender la justificación para que sea atraído hacia un juzgado estadounidense. El sustento gringo para todo lo que sea, huela, parezca o se imagine narcotráfico, es el terrorismo, una clasificación arbitraria que no debe ser reconocida por un sistema legal mínimamente decente… y el estadounidense no lo es. La posible complicidad de funcionarios públicos mexicanos con el crimen organizado es un asunto que compete a México, no a otro país. Se agradecería en todo caso información, ya que el crimen organizado en Estados Unidos, que también existe y opera, no puede funcionar sin la complicidad con los narcotraficantes mexicanos y, si los hay, funcionarios públicos, de elección o no, en ambos lados de la frontera.
3 El tema Rocha Moya, para México, se enrarece más por estar inscrito, ¿casualmente?, en una estrategia global, bien organizada y mejor financiada, que no busca desaparecer la democracia como sistema de gobierno, sino su mutación a regímenes fársicos, donde sólo se conserve el derecho al voto pero condicionado hacia los candidatos previstos por una cúpula dominante y autocrática. Candidaturas de Porfirio Díaz pero sin bolillo ni atole. Lo único positivo de este sistema es que eliminaría el vicio electoral de la compra de votos. Se acabaría el negocio porque ya no habría necesidad. Con vigilancia policiaca en las casillas de votación, centralización del proceso electoral, rediseño de distritos y jueces manejados por el autócrata en turno, se limpiarían fácilmente los “prietitos del arroz”. Estados Unidos ya empezó eliminando los distritos electorales de mayoría afrodescendiente (negra), con la bendición de la Suprema Corte MAGA. De plano, la ministra Piña, su pandilla de gánsteres de la toga y sus excrecencias en el Poder Judicial, todavía tienen futuro, porque la estrategia fascista internacional también les reivindicaría su siniestro pasado. El tema es que Rocha Moya, y la mayoría de las “críticas” coordinadas contra la Cuarta Transformación, no pretenden purificar la democracia mexicana sino alinearla a la pauta que está dictando e imponiendo el régimen trumpista en Latinoamérica. El colmo de esto es que las críticas más creíbles contra la 4T son las que surgen de la propia 4T. Un proceso de autoanálisis incipiente y rengo, pero que en la oposición no existe.
4 No es gratuito que el crescendo de la alharaca alrededor de Rocha Moya coincida con el otro caso urgente, el de la complicidad no aclarada de funcionarios del gobierno de Chihuahua con la maligna CIA. No se parte de presunciones ni de acusaciones mediáticas sino de un hecho: la participación de dos agentes (espías) en un operativo presumiblemente contra el narcotráfico. Se ha dicho que el desmantelamiento de un laboratorio fue un éxito, aunque no sé si hubo detenidos ni consecuencias. Se ha pedido la comparecencia de Maru Campos ante legisladores, la gobernadora panista SIN licencia y CON fuero, pero no parece que tenga intención de hacerlo ni los legisladores de obligarla. La señora prefiere “argumentar” sin réplicas en los medios, el podio favorito de los enanos del tapanco. Se han quejado de la intención política de marchas instigadas por Morena y sus aliados en Chihuahua y a favor de la soberanía, y muy obviamente contra la gobernadora. Poco astuta, la señora Campos ha preferido intentar bloquear o demeritar las protestas cuando pudo muy bien replicarles desde el otro extremo del espectro político con un discurso similar a favor de la soberanía y contra la intromisión extranjera. En cambio, optó por obedecer los manuales de sus presuntos amigos gringos, actuar como caricatura de autócrata, y atacar directamente la libertad de expresión de los marchantes. Contra el caso de Rocha Moya, el de Maru Campos se perfila como más peligroso. Las ambiciones panistas son tan radicales que con un simple guiño desde Mar-a-Lago, la señora Campos sería capaz de resucitar a la República de la Sierra Madre, o trucos expansionistas como la independencia de Texas o Hawái. De hecho, Maru ya perfila su rebeldía ante la ley presumiendo una supuesta inmunidad al juicio político con galimatías más libertarias que federalistas. Por si las dudas, conserva su puesto y su fuero. Al menos Rocha Moya, culpable o inocente, tuvo la decencia de despojarse de cualquier blindaje legal que no sea el que puede tener cualquier ciudadano.
5 Si hacemos un balance de los escándalos Rocha y Maru, es notorio que el de Rocha ha tenido más difusión en los medios nacionales y extranjeros, y es evidente por qué. El caso de Chihuahua es muy delicado, pero es un factor que se introdujo en la dinámica política nacional a partir de un hecho imprevisto. El hecho crea sospechas de antecedentes que prefigurarían operaciones bien planeadas desde la clase política, especialmente la opositora al régimen, en complicidad con gobiernos y/o grupos de poder extranjeros. La mojiganga de los “ayusers” prianistas confirma las sospechas y engendra otras peores. El rumbo que toma el escándalo de Maru Campos elude explicaciones convincentes y camina sobre la ruta de la estridencia llena de pretextos y distractores, pero vacía de argumentos. El más ciego puede ver que el destino de este caso es la impunidad, algo a lo que nos acostumbró don Andrés y su consigna de “abrazos no barrotes” a expresidentes y exfuncionarios corruptos. La complicidad del aparato judicial estadounidense, y del propio gobierno trumpista, se pone en evidencia en cada “golpe” mediático relacionado con Rocha Moya. Sea culpable o no de lo que se le acuse, no es Estados Unidos quien debería procesarlo sino la Justicia en México. Y sea culpable o no Maru Campos de traición a la patria, no es Estados Unidos quien debería meterle el hombro con distractores oportunos. Eso sólo la pone más en evidencia e incrementa las sospechas. Por más ruido que le metan al tema dentro y fuera de México, el hecho es que Maru Campos se niega a dar explicaciones al órgano de la federación ante quién debería comparecer. De tal suerte que a la sospecha de traición se suma ahora un acto de rebeldía. ¿Así o más claro?



