Por Valeria Riaño / IAQuemada
La encuesta de Enkoll para El País y W Radio no anuncia el derrumbe de Claudia Sheinbaum. Anuncia algo políticamente más delicado: el inicio verificable del desgaste. La presidenta conserva una aprobación alta, 68 por ciento, pero pierde siete puntos en dos meses, justo cuando el gobierno enfrenta tres frentes simultáneos: Sinaloa, Chihuahua y la economía.
El dato central no es sólo la caída. Es el tipo de caída. No proviene de una oposición fortalecida, sino de la acumulación de crisis que tocan el nervio más sensible del obradorismo tardío: seguridad, soberanía, corrupción y justicia. La imputación contra Rubén Rocha Moya, gobernador morenista de Sinaloa, rompe la narrativa de superioridad moral. El accidente en Chihuahua, con agentes de la CIA involucrados en operaciones vinculadas al combate al narcotráfico, abre otro boquete: el de la soberanía administrada a medias.
Sheinbaum intenta defenderse con el lenguaje de la nación: no intervención, respeto territorial, cooperación sin subordinación. Pero la encuesta muestra una ciudadanía menos dócil al reflejo automático. Rechaza operativos de agencias estadounidenses en México, sí, pero también cree mayoritariamente que las acusaciones contra Rocha son creíbles y que debe investigarse a fondo. Ahí está la fisura: el país puede defender la soberanía sin aceptar impunidad interna.
La paradoja es dura. La mayoría prefiere que México investigue, pero desconfía de que la Fiscalía General de la República llegue hasta el fondo. Ese es el verdadero costo institucional. No se trata únicamente de Rocha, ni de Maru Campos, ni de Trump. Se trata de un Estado que exige jurisdicción, pero no siempre produce confianza.
El otro frente es económico. Los programas sociales siguen siendo el principal sostén simbólico del gobierno. Pero el modelo necesita crecimiento, ingresos y estabilidad fiscal. Si la economía se debilita, la política social deja de ser escudo y se convierte en pregunta: cuánto dura, quién la financia y qué se sacrifica para mantenerla.
Sheinbaum no está derrotada. Morena sigue arriba. La revocación, si fuera hoy, la favorecería. Pero la política no se mide sólo por el marcador; también por la pendiente. Y la pendiente ya cambió.
La presidenta conserva poder. Lo que perdió es margen.



