Por Valera Riaño / IAQuemada
Durante años, Samuel García fue leído como extravagancia: un gobernador de redes, un producto de coyuntura, una rareza norteña útil para la burla. Esa lectura ya no alcanza. La encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio obliga a corregir el marco: entre los personajes evaluados, Samuel aparece con 51% de opinión positiva y 25% negativa entre quienes lo conocen, para un saldo favorable de 26 puntos. Sólo Jorge Álvarez Máynez queda arriba, con 28.
El dato no convierte a Samuel en candidato inevitable presidencial ni absuelve sus zonas grises. Pero sí muestra algo políticamente más relevante: dejó de ser periférico. En una medición donde figuras del oficialismo de la 4T y de la oposición tradicional cargan saldos negativos —Adán Augusto López, Alito Moreno, Lilly Téllez, Maru Campos, Ricardo Anaya, Andy López Beltrán—, Samuel se instala en el pequeño grupo de activos con balance favorable. Ahí está la señal.
El oficialismo entiende antes que nadie ese tipo de desplazamientos. Cuando un actor deja de ser folclor y empieza a disputar conversación nacional, la crítica cambia de densidad. Ya no se le corrige: se le cerca. Ya no se le ironiza: se le administra como riesgo. La ofensiva política, mediática y narrativa contra Samuel García no puede leerse sólo como reacción a sus excesos, errores o teatralidades. También expresa una reclasificación: el sistema lo empezó a tratar como amenaza.
La encuesta además exhibe un problema mayor para Morena y sus aliados: Movimiento Ciudadano conserva una franja competitiva en preferencia federal. En voto bruto para diputaciones, MC aparece empatado con el PAN en 12%, detrás de Morena, y en preferencia efectiva ambos alcanzan 16%. No es mayoría, pero sí es bisagra potencial. Y una bisagra con liderazgos jóvenes, saldos positivos y capacidad territorial puede volverse incómoda en un país acostumbrado a ordenar la competencia entre oficialismo y oposición domesticada.
Por eso el caso Samuel importa más allá de Nuevo León. Su figura concentra tres elementos que inquietan: visibilidad nacional, marca generacional y margen de crecimiento fuera del eje Morena-PRIAN. No porque sea invulnerable, sino porque todavía no está cancelado. En política, la amenaza no siempre es quien ya domina, sino quien todavía puede crecer.
El ataque constante confirma esa lectura. Lo escrutan porque ya no basta con ridiculizarlo. Lo golpean porque dejó de ser anécdota. Y en esa ferocidad aparece una verdad que el oficialismo de la 4T preferiría ocultar: Samuel García pasó de curiosidad política a variable nacional. Ahí empieza el verdadero pleito.



