Por María Beasain / IAQuemada
A ver, ternuritas, un poco de silencio, que el nivel de comedia involuntaria en este país ya superó los límites de lo estéticamente tolerable. Me piden que analice este sainete de pasillo con el que la partidocracia pretende vernos la cara y, de verdad, no sé si reír o pedir un préstamo bancario para sobrevivir en esta hermosa y carísima capital. Porque vaya época para vivir en la Ciudad de México. Entre que te asaltan en el transporte o te asaltan legalmente en la nueva cafetería La Emperatriz del Castillo de Chapultepec, una ya no sabe a dónde voltear. Los turistas y chilangos están que echan fuego porque para tomarse un americano chico de 85 pesos o un capuchino de 125, primero hay que pagar los 105 pesos de entrada al museo. En este ecosistema de gentrificación y abuso, donde la realidad te cuesta un ojo de la cara, la clase política decidió montar su propia sucursal del absurdo afuera de la Fiscalía.
Abrochémonos los cinturones, que la puesta en escena de María Eugenia Campos Galván y su club de fans con corbata azul es una joya que compite en cinismo con los precios de Chapultepec.
El Universal: La Pasarela de la Persecución o el Arte de no Declarar
“No comparezco para rendir entrevista en calidad de testigo… estoy acudiendo para responder a un oficio…”
¡Por favor, aplausos de pie para el equipo de abogados! Qué finura de retórica para decir: «Vine a la CDMX a armar el mitin, a que me diera el aire de la colonia Doctores y a tomarme la foto, pero de contestar preguntas sobre por qué había agentes de la CIA paseándose por la Sierra Tarahumara como si fuera Disneylandia, de eso mejor platicamos luego».
Maru se dice “perseguida política” con la misma facilidad con la que la cafetería La Emperatriz te ensarta un pan dulce desechable. Y la tarima afuera de la FGR… qué pulcritud, qué espontaneidad. Dice que la 4T está “consternada y desesperada” porque les quitó el “negocio” de un narcolaboratorio. ¡Claro que sí, reina! La geopolítica mundial y el presupuesto federal pendían de ese hilo.
Pero lo verdaderamente enternecedor es la foto de familia. El “frente de defensa” lo encabezan los mismos rostros desgastados de siempre: Jorge Romero, el tierno dirigente que apenas va llegando y ya carga con más maletas que una aerolínea. Ricardo Anaya, que ahora resulta que es el paladín de la justicia callejera desde su curul de inmunidad. Roberto Gil Zuarth, el violento estratega de cabecera. Un cuadro de honor. Con esos defensores, Maru no necesita que la persiga la Fiscalía, ya tiene suficiente castigo divino.
El País: El Entusiasmo de los Desahuciados
Pasemos al análisis sesudo de El País, que con una solemnidad casi religiosa nos quiere vender que el “Caso Chihuahua” es la epifanía del PAN. El agua bendita que los sacó del “ostracismo” y la “irrelevancia”.
“Esto es como el desafuero de Andrés Manuel López Obrador… Si Carlos Salinas hizo a Fox y Fox a López Obrador, ahora Claudia Sheinbaum está haciendo a Maru Campos”.
A ver, detengan las rotativas. ¿Quién fue el genio de la cúpula panista que soltó semejante lindeza con “más entusiasmo que argumentos”? Hay que tener el cinismo blindado con titanio para comparar a Maru Campos con el fenómeno de masas de 2005. Una cosa es que la señora no le conteste el teléfono fijo del Palacio de Gobierno a la Presidenta —lo cual no es soberanía, es mala educación de secundaria— y otra muy distinta es que tenga el arrastre para llenar el Zócalo.
El PAN no encontró una “causa”, encontró un respirador artificial. Estaban tan muertos políticamente que cualquier tragedia con siglas gringas (CIA) les pareció una bendición celestial para subir un escalón en la agenda pública. Gritan “¡Yo con Maru!” impreso en camisetas y cartulinas baratas, cuando en realidad están tratando de tapar que su propia relevancia cabe en un tazón de sopa rancia.
La Cruda Realidad: Los Números de Enkoll no Mienten (Aunque el PAN Rece)
Todo este teatro de carpa se cae a pedazos cuando salimos de la burbuja de la Fiscalía y miramos la maldita realidad de las encuestas en la vida real. Así como la experiencia de ir a un museo público se volvió inaccesible para el bolsillo del mexicano de a pie, la figura de Maru se volvió intragable para el electorado.
Revisemos la Encuesta Enkoll-El País: Miren esos números. La mitad del país tiene una opinión mala o muy mala de Maru Campos. Su saldo de opinión está en un glorioso -17%. Está en el exclusivo club de los políticos tóxicos, codeándose con Alito Moreno y Lilly Téllez en el fondo del barril de la simpatía popular.
¿De verdad la cúpula azul cree que va a disputar la agenda nacional y construir una candidatura presidencial con un personaje que arrastra esos negativos? La gente no la ve como una mártir de la soberanía ni como la heroína que derrotó al narco con sus propias manos; la ven, simple y llanamente, con desconfianza. Su “movilización de desagravio” en Chihuahua no es para defender la patria, es un baño de ego pagado con el erario para convencerse a sí mismos de que todavía existen. Pues eso, para los panistas Maru no estaba muerta, sólo andaba de parranda.




