Por Francisco Villarreal
1 Las asambleas escolares es uno de los recuerdos más o menos claros que me quedan de mi niñez. Cada lunes, si el clima lo permitía, nos formábamos para hacer los honores a la bandera. No sé si todavía lo hagan, pero era un acto muy emotivo… aunque misterioso. En los grimorios del patriotismo se consignan ritos y fórmulas con un lenguaje no muy accesible, y definitivamente incomprensible para los niños. Así nació la leyenda del mítico “Masiosare”. En esos ritos de paso de los niños héroes, es decir, de todos los niños mexicanos en cualquier época, las palabras eran dogmas de fe que no se dilucidaban con el Petit Larousse que me compró papá Antonio. Una de ellas se ha puesto muy de moda últimamente, y no sólo en México: Soberanía. Me intrigaba que chocaran los significados entre Soberanía y Soberano. Una se refería a un grupo social capaz de tomar decisiones sobre sí mismo, la otra define a un individuo que puede tomar decisiones por encima de todo el grupo social que representa. Tuvieron que pasar años para que me diera cuenta que, como ha pasado en las religiones, en el grimorio patriótico, tanto el ritual como las fórmulas devocionales perdieron su significado y más bien “consagran” a individuos como recipientes y emisores de los valores y funciones que deberían ser derechos y deberes de todos: un político, hombre o mujer, oficiando como sumo pontífice de la Patria. “¡Viva México, cabrones!”, no es un meme divertido, es más un grito de desesperación que de orgullo nacional.
2 La soberana chihuahuense Maru Campos llegó por fin a la Fiscalía General de la República, acompañada por alguno de esos abogánsteres típicos panistas. Llegó como gobernadora SIN licencia y CON fuero. Se le pedía aclarar la presencia y colaboración de agentes de la CIA en un operativo para ubicar, que no desmantelar (esto lo hace la FGR), un “narcolaboratorio”. No aclaró ni la garganta, sólo presentó un documento, o más bien lamento, y se limita a indignarse por haber sido tocada con el pétalo de un citatorio ignorando su sagrada investidura como gobernadora de un estado libre y, aquí sí, soberano. Como de costumbre, también acarreó una comparsa, principalmente panista, en donde no pocos andan libres de cargos, pero no de acusaciones ni de fundadas sospechas. No sé si en la Fiscalía le preguntaron sobre los supuestos logos de la policía de Nueva York en patrullas estatales, sobre sus negocios con empresas israelíes y magnates chihuahuenses a costas de recursos críticos, o sobre sus acuerdos con el Maga gobernador de Texas, Greg Abbott. No importa, igual no contestó ni el saludo. Se quejó ante los medios de persecución política, la típica “barra” de los políticos, y se refugió en una impunidad justificada con una soberanía estatal no republicana sino más bien monárquica. Su Majestad Campos, además, orquestó marchas de apoyo en Chihuahua, estas sí realizadas sin los contratiempos y obstáculos que tuvieron las que se hicieron antes en su contra. Para ser una “perseguida política” ha politizado el caso con mucha eficiencia. Su peregrinación de entrevistas con comunicadores amigables no abonó mucho a su credibilidad y, en más de una ocasión, sí demostró su torpeza… ¿verdad Joaquín?
3 Entre los corifeos de la oposición se ha intentado imponer la noción de que el supuesto “ataque” oficialista contra Campos es en respuesta a la acusación de Estados Unidos contra el gobernador CON licencia y SIN fuero, Rubén Rocha Moya. No se tiene qué hacer mucho esfuerzo para investigar en los medios, incluso los medios “pro Maru”, que la acusación contra Rocha fue después del incidente de los agentes de la CIA en Chihuahua, y aquí sí cabe la duda de que sea una estrategia coordinada desde Mar-a-Lago/White House para bajarle impacto a la colaboración de la CIA con el gobierno de Chihuahua. Lo que debe preocuparnos, o más bien alarmarnos, es que estaríamos frente a la alianza desde un estado de la federación con un gobierno extranjero, y sin la autorización de las instancias federales que por ley deberían otorgarla. ¿Parece traición? No parece, lo es. Por eso precisamente es necesario aclarar cómo y quiénes realizaron esos actos. Si los corifeos políticos y mediáticos de Maru pretenden absolverla a ciegas, sólo aumentan las sospechas razonables y las certezas irracionales de que, en efecto, Su Alteza Serenísima Maru Campos sí es culpable.
4 Una de las polémicas surgidas alrededor de Maru es la de que desde ya se le considera una panista “presidenciable”. Yo no le veo problema, porque es su derecho, como el de los panistas seleccionarla. Sólo que siguen siendo muy torpes, o tal vez estén demasiado aterrorizados. La asamblea panista que seleccionara a Maru Campos como candidata a la presidencia de México, sea por mayoría o por unanimidad, sólo exhibiría un proceso falso, con un resultado premeditado mucho antes no desde la asamblea de delegados sino desde ahora y desde la cúpula panista. Una contradicción con la pretendida democracia interna que pregonan. Otro “detallito” que no le viene bien al PAN con Maru como presidenciable, es que desde ya se le compara con la “singular” Bertha Xóchitl, una comparación que siempre va a ser un meme involuntario. Tampoco abona mucho el que, aún sin que se demuestre su colaboración sediciosa con Estados Unidos, la responsabilidad de la evidente traición a la patria recae directamente en el gobierno estatal y, por consiguiente, en ella; si no dolosa, culposa sí es. Y para rematar, aun si descartáramos los contubernios ilegales con gobiernos y entidades extranjeras, queda el no pequeño detalle de la seguridad, porque Chihuahua no ha logrado controlar el crimen y la percepción popular de inseguridad no es buena. Hablamos de la seguridad preventiva, la reacción oportuna y la justicia expedita, lo que incumbe al estado no a la federación. Con pocos datos y menos argumentos hasta el más bobo le arruinaría una campaña.
5 El botón de muestra es ilustrativo. Dos agentes de la CIA difuntos y dos expulsados no creo que sean incidentes aislados. La CIA, especializada en espionaje y golpismo, no va a pedir permiso a un país para operar en él ni va a reportar a los agentes que opera. A México le interesa saber quiénes son y qué hacen, pero eso tendremos que descubrirlo nosotros y no es fácil. La manera más sencilla de bloquearlos no es hurgar en el registro de extranjeros en el país sino en ubicar a los mexicanos que los apoyan. Unos lo harán desde el crimen organizado, y no sería la primera vez; otros desde medios de comunicación, empresarios y políticos. La forma como se despliegan campañas coincidentes con Washington/Israel y los objetivos de estas, expondrá la injerencia que ya existe y que no sólo involucra a Chihuahua. Esto es para ponernos los pelos de punta, porque cada vez es más claro que Trump y sus camaradas sionistas se toman muy en serio su objetivo de destrozar las democracias americanas e imponer gobiernos títeres fascistas o, ya de plano, anexarse territorios. El latrocinio del régimen trumpista es ya institucional y operativo. Lo más espeluznante es que no puede aplicarlo exitosamente sin el respaldo interno, una quinta columna de traidores para quienes la soberanía nacional es tan incomprensible como lo fue para mí en mi infancia. Como no quieren pecar de ignorantes, optaron por la segunda opción del significado y han elegido no a la soberanía sino al soberano. Como Maru Campos no aclaró nada, la presunción de su traición sigue vigente, y contamina a las hordas que la apoyan. Estas sospechas se incrementan en la medida que sus argumentos coinciden con la presión ejercida desde el gobierno estadounidense (nado sincronizado). Se magnifican además cuando la defensa de Campos se sustenta en acusaciones que no demuestran nada, sólo distraen. Se vuelve más turbio cuando, pian pianito, están asumiendo que la soberanía de los estados, en este caso Chihuahua, incluye un tímido retorno al absolutismo monárquico de Louis XIV. Maru Campos no ha aclarado nada, ni a los propios chihuahuenses. Su discurso ya es casi similar al de Louis, “El estado soy yo”, donde los poderes del estado emanan del soberano, no de la soberanía popular. Para rematar este garabato, cuando la traición contamina a otros, no se diluye la culpa, ¡se multiplica! Entonces deja de ser simple traición para convertirse en sedición. Ni siquiera es insurgencia o rebelión, sino la traición y la cobardía al nivel del más profundo círculo del Infierno de Dante, porque no apelan siquiera a su fuerza sino a la de militares, policías o agentes extranjeros. Saben, aunque finjan demencia, que al final el “soberano” Donald “Masiosare” Trump arrasará con todo y con todos, incluyéndolos a ellos. “Roma traditoribus non praemiat”, dijo el cónsul romano Cepión a los traidores lusos que asesinaron a Viriato quien defendía su tierra y su gente… es decir, la soberanía de su pueblo.



