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La licenciada defensora de las causas imposibles nació de la imaginación de América Televisión en Lima, luego fue trasplantada a Telemundo en Estados Unidos y de ahí a la Ciudad de México.
FELIX CORTES CAMARILLO
diciembre 27, 2017, 7:34 am

Triste es el destino reciente del bellísimo Perú con su cadena de regímenes que alternan corrupción e ineficiencia, a veces la combinación de ambas.

No es que sus vecinos en la zona hayan sido más afortunados. Si me leyera algún peruano tal vez diría “mira al burro mexicano hablando de orejas andinas” toda vez que nuestra historia reciente no tiene nada de qué ufanarse.

La sucesión de dictaduras militares, gobernantes corruptos y poderes dinásticos alcanzan desde el Río Bravo a la Patagonia. Militares y civiles se han dado gusto en engañar a los pueblos hermanos de igual manera que nos han engañado los políticos profesionales a los mexicanos.

Sin embargo, hay clases y ahí los peruanos llevan las de perder. Aquí nunca tuvimos nunca una Laura Bozzo idiotizando a los televidentes, hasta que no se les ocurrió a los genios de Chapultepec —hoy en otras latitudes— importar a la señorita que mandaba pasar al desgraciado.

La licenciada defensora de las causas imposibles nació de la imaginación de América Televisión en Lima, luego fue trasplantada a Telemundo en Estados Unidos y de ahí a la Ciudad de México.

Tampoco tenemos aquí la tradición del perdón, nuestra herencia azteca, aunque no llega a ejercitar el cruento sacrificio en piedra teñida de sangre no acudimos al perdón y el olvido.

Pedro Pablo Kuczynski, presidente hoy por hoy del Perú —mañana quién lo sabe— acaba de otorgar el perdón humanitario al expresidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad.

Notablemente la masacre de La Cantuta, uno de los más conocidos momentos de la guerra de Fujimori en contra de Sendero Luminoso, grupo subversivo de izquierda. Los desmanes de Fujimori, ejecutados por Vladimiro Montesinos, su Rasputín de todo el tiempo, fueron compartidos, precisamente, por la señorita Bozzo, quien pasó un tiempo bajo prisión domiciliaria antes de ser acogida generosamente por las televisoras del norte. Kuczynski mismo acaba de librar por escaso margen la petición de destitución por “incapacidad moral permanente” en el Congreso de su país, pues es uno de los principales comprometidos con los actos de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht.

Pues bien, mientras su hijo Kenji y su hija Keiko disputan uno contra el otro la herencia del poder que el fujimorismo ha dejado, el anciano mandatario de origen japonés abandonará el hospital en el que convalece para disfrutar de la libertad tan disputada.

Una libertad que, en cualquier momento, el mismo presidente de hoy, Kuczynski, puede perder de un instante a otro.

¡Ajá!

Como, con toda seguridad, los culpables de corrupción en México que recibieron mordidas de la firma brasileña a cambio de jugosos contratos pagados por los mexicanos con sus impuestos, irán al bote.

¿Me entendieron, señores Reyes Magos?

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