Los indicadores disponibles sugieren que en el cuarto trimestre de 2018 la economía mundial mostró una desaceleración, presentándose un menor dinamismo en la mayoría de las economías avanzadas y algunas emergentes, destacando los casos de la zona del euro, China y, en menor medida, Estados Unidos. Ello refleja, entre otros factores, los efectos de las tensiones comerciales, una menor confianza en los negocios y choques de naturaleza transitoria. Este entorno de menor dinamismo de la actividad económica condujo a revisiones a la baja en las perspectivas de crecimiento global en 2019 y 2020 y, aunado a menores precios del petróleo, contribuyó a una moderación de las presiones inflacionarias en las principales economías. Esto se ha visto reflejado en una expectativa de normalización de la postura monetaria de los principales bancos centrales más lenta, y en menores tasas de interés de corto y largo plazos en Estados Unidos. Como se esperaba, en enero la Reserva Federal mantuvo sin cambio el rango objetivo para la tasa de fondos federales. Además, ajustó sustancialmente su mensaje, señalando que serán pacientes para realizar cambios en el rango de su tasa objetivo. Adicionalmente, indicó que podrían ajustar la política de reducción de su hoja de balance en caso de ser necesario. En este contexto, los mercados financieros, tanto en economías avanzadas como emergentes, han registrado un desempeño más favorable. En cuanto a los riesgos para la economía global, destacan la incertidumbre sobre las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, una salida desordenada del Reino Unido de la Unión Europea, un crecimiento de China menor al esperado y un escalamiento en las tensiones políticas y geopolíticas en distintas regiones.

Desde la última decisión de política monetaria, los precios de los activos financieros en México mostraron un mejor desempeño. El peso mexicano registró una apreciación y una disminución en su volatilidad. Adicionalmente, las primas de riesgo soberano y las tasas de interés de mediano y largo plazos se redujeron, revirtiendo en parte los incrementos que habían registrado en los últimos meses de 2018, si bien aún se mantienen en niveles relativamente elevados. Entre los factores que contribuyeron al mejor desempeño de los mercados nacionales se encuentran la reducción en las tasas de interés en Estados Unidos y el debilitamiento del dólar, el Paquete Económico aprobado para 2019 y la aceptación de los inversionistas a la oferta de recompra de bonos del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. No obstante, ante los retos que enfrenta Pemex, la agencia calificadora Fitch anunció la reducción de su calificación crediticia, lo que implicará mayores costos de financiamiento para dicha empresa.

El entorno actual sigue presentando importantes riesgos de mediano y largo plazos que pudieran afectar las condiciones macroeconómicas del país, su capacidad de crecimiento y el proceso de formación de precios en la economía. En este sentido, es particularmente importante que además de seguir una política monetaria prudente y firme, se impulse la adopción de medidas que propicien un ambiente de confianza y certidumbre para la inversión, una mayor productividad y que se consoliden sosteniblemente las finanzas públicas. En este contexto, es particularmente relevante que se cumplan las metas fiscales del Paquete Económico para 2019. Asimismo, es indispensable fortalecer el estado de derecho y abatir la corrupción.

En el cuarto trimestre de 2018, la actividad económica en México exhibió una desaceleración importante respecto del tercero, la cual podría continuar a inicios de 2019. Ello en respuesta a la desaceleración de la economía global, a cierta debilidad de la demanda interna y a factores de carácter transitorio que podrían afectar al crecimiento del primer trimestre del año, incluyendo dentro de estos los asociados a la distribución de combustibles e interrupciones en vías de comunicación. Así, se considera que las condiciones de holgura en la economía se relajaron hacia finales de 2018 e inicios de este año. Por lo antes señalado, el balance de riesgos para el crecimiento está sesgado a la baja.

De noviembre a enero, la inflación disminuyó de 4.72% a 4.37%. Este descenso fue producto, principalmente, de la reducción de la inflación no subyacente, toda vez que la inflación subyacente continuó presentando resistencia a la baja al pasar de 3.63% en noviembre a 3.60% en enero. En dicho periodo, la inflación no subyacente disminuyó de 8.07% a 6.81%, reflejando menores incrementos en los precios de los energéticos y de los productos pecuarios. Esto fue contrarrestado parcialmente por mayores aumentos en los precios de las frutas y verduras. Las expectativas de inflación general para 2019 y 2020 mostraron un claro deterioro en diciembre y cierta mejoría en enero. Las correspondientes al cierre de 2019 pasaron de 3.71% en octubre a 3.89% en diciembre, y luego disminuyeron a 3.80% en enero. En cuanto a las expectativas para la inflación subyacente para el cierre de 2019, estas pasaron de 3.45% en octubre a 3.50% en diciembre y enero. Por su parte, las expectativas de inflación general para el mediano y largo plazos siguen ubicándose por encima de la meta permanente de 3%, en niveles alrededor de 3.50%. En cuanto a la información derivada de instrumentos de mercado, la prima por riesgos inflacionarios de mediano y largo plazos disminuyó, si bien continúa en niveles elevados.

En cuanto a los riesgos para la inflación, destaca la posibilidad de que la cotización de la moneda nacional se vea presionada por factores externos o internos. Si la economía requiere un ajuste, ya sea del tipo de cambio real o en las tasas de interés de mediano y largos plazos, el Banco de México contribuirá a que dichos ajustes ocurran de manera ordenada, buscando evitar efectos de segundo orden sobre la formación de precios. La inflación también se podría ver afectada en caso de que se observen nuevas presiones sobre los precios de los energéticos o de los productos agropecuarios, o si se presenta un escalamiento de medidas proteccionistas y compensatorias a nivel global, o en caso de que se deterioren las finanzas públicas. Adicionalmente, dada la magnitud de los aumentos recientes en el salario mínimo, además de su posible impacto directo, se enfrenta el riesgo de que estos propicien revisiones salariales que rebasen las ganancias en productividad y generen presiones de costos, con afectaciones en el empleo formal y en los precios. Para elevar de manera sostenida el poder adquisitivo de los salarios es necesario considerar el papel de otras políticas públicas, en particular, fomentar la competencia en aquellos sectores de bienes y servicios con una participación elevada en la canasta de consumo de los segmentos de la población de menores ingresos. Además, la persistencia que ha mostrado la inflación subyacente podría dar lugar a una mayor resistencia de las expectativas de inflación de largo plazo a disminuir. Como riesgos a la baja se encuentran el que se presenten menores variaciones en los precios de algunos bienes incluidos en el subíndice no subyacente, o que las condiciones de holgura se amplíen más de lo previsto. Tomando en cuenta todo lo anterior, se considera que el balance de riesgos respecto a la trayectoria esperada para la inflación mantiene un sesgo al alza, en un entorno de marcada incertidumbre.

Para guiar sus acciones de política monetaria, la Junta de Gobierno da seguimiento cercano a la evolución de la inflación respecto a su trayectoria prevista, considerando la postura monetaria adoptada y el horizonte en el que esta opera, así como la información disponible de los determinantes de la inflación y sus expectativas de mediano y largo plazos, incluyendo el balance de riesgos para estos. A su vez, la política monetaria debe responder con prudencia si por diversas razones se eleva considerablemente la incertidumbre que enfrenta la economía. En este contexto, considerando que la evolución reciente de la inflación y de sus principales determinantes no presentan cambios significativos respecto a las trayectorias previstas, que la posición cíclica de la economía ha mostrado cierto relajamiento, y que la postura de política monetaria actual es congruente con la convergencia de la inflación a su meta, la Junta de Gobierno ha decidido por unanimidad mantener el objetivo para la tasa de interés interbancaria a un día en un nivel de 8.25%. Tomando en cuenta los retos que se enfrentan para consolidar una inflación baja y estable, así como los riesgos a los que está sujeta la formación de precios, la Junta de Gobierno tomará las acciones que se requieran, de tal manera que la tasa de referencia sea congruente con la convergencia de la inflación general a la meta del Banco de México en el horizonte en el que opera la política monetaria. La Junta mantendrá una postura monetaria prudente y dará un seguimiento especial, en el entorno de incertidumbre prevaleciente, al traspaso potencial de las variaciones del tipo de cambio a los precios, a la posición monetaria relativa entre México y Estados Unidos, en un contexto externo en el que persisten riesgos, así como a la evolución de las condiciones de holgura en la economía. Ante la presencia y posible persistencia de factores que, por su naturaleza, impliquen un riesgo para la inflación y sus expectativas, la política monetaria se ajustará de manera oportuna y firme para lograr la convergencia de esta a su objetivo de 3%, así como para fortalecer el anclaje de las expectativas de inflación de mediano y largo plazos para que alcancen dicha meta.