Se vuelve a equivocar el Presidente en su visión acerca de la manera de atajar las graves condiciones de pobreza en las que viven millones de mexicanos, porque no es con las mismas medidas tutelares que practicó el PRI por 70 años como se puede abatir el rezago y el desamparo económico.

La “despensa con gorgojos” que tanto uso en sus campañas para criticar a sus oponentes, no es muy diferente a su tarjeta para el bienestar, ambas perpetúan la dependencia de los pobres hacia el gobierno matando sus posibilidades de crecimiento y desarrollo personal al convertirlos en botín electoral.

Los mecanismos distributivos de la riqueza no pueden depender de la voluntad de ningún político o funcionario por más que se presuman sus bondadosas dádivas como efectivas para sacar a la gente de la marginación económica y social.

Las mejores estrategias se sustentan en una educación optima y empleos que produzcan el más alto valor agregado, en ambos casos el gobierno y sus tesis económicas han fallado. Al mismo tiempo deben operarse toda una serie de mecanismos para quitarle a las personas, caso por caso, todos los obstáculos que les impiden ir hacia delante en el desarrollo de sus habilidades.

El gobierno debe ser capaz de crear las condiciones para que la economía se desate de las anclas que la mantienen imposibilitada para crecer y ser más competitiva, acabar con las absurdas regulaciones impuestas para justificar la vida de una burocracia diletante.

Para lograr que la economía crezca, el gobierno debe asignar sus recursos en proyectos de la alta rentabilidad. Si se trataba de hacer un tren, mil veces más rentable y con enormes multiplicadores, el construir la segunda vía en el corredor México-Monterrey-Laredo y el corredor Mazatlán-México-Veracruz, expandiendo sus terminales multimodales.

El sureste del país no necesita un tren, necesita ampliar y modernizar su red carretera y portuaria, lo que tendría un enorme impacto en creación de empleos y abatimiento de la pobreza en aquellos lugares.

Si en realidad se desea abatir la pobreza haciendo 100 universidades, estas deberían ser tecnológicas, tomando como modelo el Instituto Politécnico Nacional, promoviendo los agrupamientos o “clusters” de alta especialización, como ya ocurre en Jalisco, Nuevo León y Guanajuato.

Para sacar a nuestra gente de la marginación ya es necesario construir nuevos centros de población y llevar ahí a tantas familias que siguen esperanzadas cuidando tierras ejidales que no tienen viabilidad alguna en terrenos desérticos y sin potencial productivo.

Pero nada de esto ocurrirá. En cambio, todo el esfuerzo del gobierno se irá de nueva cuenta en darles unas migajas a nuestros pobres para tenerlos agarrados por el hambre y que sirvan a quién sabe qué propósitos de transformación ulterior que con terquedad persigue el Presidente pero que no revela públicamente.

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