Hace meses, a un amigo empresario de Monterrey, le detectaron un tumor de páncreas, de crecimiento lento y relativamente manejable.

Su oncólogo le introdujo un endoscopio por la garganta y con una aguja extrajo algunas células tumorosas. El diagnóstico obligaba a una eliminación quirúrgica del mal antes de que se diseminara a otros órganos, así que se programó rápidamente la cirugía en el Hospital Zambrano, de San Pedro.

Pero un par de días antes de su operación, mi amigo empresario dijo que no: prefería tratarse el tumor con métodos alternos y no con la medicina convencional de extirpación y quimioterapia. Su familia y sus amigos pusimos el grito en el cielo. Decidió iniciar (según él) una dieta saludable, libre de proteínas y carbohidratos y añadir un tratamiento de acupuntura y ejercicios de meditación para limpiarse mente y cuerpo. Es más: me invitó a seguir su ejemplo al pie de la letra.

Cuando le pregunté los motivos por los que siguió un camino tan controvertido para atender su enfermedad, me respondió que quería ser recordado como un héroe, como un valiente; aunque fracasaran sus remedios y curaciones naturistas, su lucha en el campo de batalla de la salud, sería un ejemplo para sus hijos y nietos.

Le contesté que estaba equivocado. Mi amigo empresario no está para dar lecciones a nadie. Al menos no con su enfermedad. Se trata simplemente de prolongar su vida y de ganar tiempo para arreglar sus cosas personales antes de morir. En cambio, si sigue posponiendo su operación no hará más que repetir el mismo error de muchos enfermos que tras sufrir  padecimientos graves, deciden suspender el tratamiento convencional y cancelar una operación que les quitaría el tumor maligno para tratarse mejor con chochos, yerbas y pura meditación.

Ambas medicinas (la convencional y la alterna) pueden combinarse, eso está muy bien, pero sin dejar de cumplir lo que la ciencia ha descubierto y establecido con rigor. La decisión de mi amigo es respetable: así está conforme con su conciencia, pero su negativa le causará una metástasis que lo llevará más pronto a la tumba. Y nadie quiere ese desenlace.

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