Por: Félix Cortés Camarillo

Me queda perfectamente claro que lo que a continuación escribiré será objeto de vituperio, burla, crítica y desprecio, especialmente en esta época en que está de moda denostar, insultar, denunciar y encuerar –bueno, eso quisieran– a los hombres que se atreven a pedirle a las mujeres contacto carnal con ellos, como si ese natural acto fuera, como dice el buen Génesis, el pecado original.

El movimiento gringo en las redes sociales #MeToo, que, como todo, tenemos que copiar, nació del repentino recuperar de la memoria de algunas actricitas y actrizotas del cine de Hollywood, que súbitamente salieron a contarnos que hace dos, quince, veinte o treinta años un productor panzón, feo, circuncidado y de mal aliento les condicionó asignarles determinado papel en el cine a cambio de un acueste.

Ellas obtuvieron el papel entonces, pero ahora se acordaron cómo.

Eran otros tiempos, es cierto, y el pudor de las muchachas de entonces –me muerdo la lengua-, les impidió revelar el desliz aquel de la cosa aquella. En este siglo de la quiénsabecuál transformación recuperaron la memoria. A una siguió otra y así surgió el #MeToo de la repentina memoria. Allá ellas.

Aclarado lo anterior, procedo a lo anunciado:

La versión mexicana del movimiento #MeToo decidió hacer sucursales; de escritores, de músicos, de periodistas, y así, para denunciar a los que acosaron sexualmente a viejas divas de antes, en cada gremio. Les faltó el #MeTooMxAlbañiles o #MeTooMxEmpleados bancarios, que en todas las cocinas se cuecen habas.

El suicidio del músico de Botellita de Jerez, Armando Vega Gil, fue consecuencia de la anónima denuncia de una mujer que hace 14 años fue acosada sexualmente por él; no aguantó la presión sicológica y se mató. El portal de MeTooMusicomx ya desapareció. Pero eso no es lo fundamental.

El asunto importante, y aquí viene lo bueno, es que cada mujer –salvo las excepciones que el ejercicio de la violencia implica– decide con quién, cuándo, dónde y cómo va a tener una relación con un hombre, de qué tipo y de qué duración. La mujer decide hasta dónde llega esa relación, incluyendo el matrimonio, el divorcio o la viudez. Todas esas paparruchadas del cine nacional y extranjero en donde el varón conquista a la mujer son viles mentiras: lo opuesto es la verdad. El supuesto seductor fue siempre seducido.

Yo no estoy inventando nada. Hace 52 años Desmond Morris publicó un librito que todos debieran leer y que se llama El Mono Desnudo. Entre otras cosas, Morris pone al descubierto que, entre los animales, esto es nosotros también, la hembra es invariablemente la que selecciona al macho con el que se va a aparear. Son los machos los que despliegan todos sus atractivos –generalmente con su mejor apariencia, plumas, danzas o cantos– para ser seleccionados. A eso se debe, dice Morris, que entre los animales el macho siempre es más atractivo que la hembra, salvo –digo yo– en los humanos. El toro es más bello que la vaca, el venado que la cierva, el pavo real que la pava, el cabrón que la chiva, el león que la leona o el orangután que la orangutana. Porque tienen que ganarse el privilegio del apareamiento.

A estas luces yo propongo el lanzamiento de #Hombreyotambién, un portal en las imbéciles redes sociales, en donde podamos exponer todas las desventuras a la que nos han sometido esas mujeres que tan bellamente nos han seducido.

felixcortescama@gmail.com

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