Por Eloy Garza González

Que quede claro: Uber es una aplicación para dispositivos móviles, no un servicio de taxi concesionado. Cuando los sindicatos o permisionarios piden que Uber se someta a la regulación vigente, piden reglamentar la nada. La autoridad pública pueda meter mano en cualquier aplicación de smartphone. Igual pasa en el caso de Uber, por más marchas, estrangulamientos viales y demás medios de presión que emprendan los sindicatos obreros.

Pero si Uber no puede regularse, tampoco puede reconocerse legalmente. ¿Cómo se regula una aplicación que trasciende países y a la cual puede sumarse cualquier permisionario de taxi, sin excepción? Sería como si la SCT pretendiera normar Whatsapp.

Por eso, no le hace ningún favor la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) a Uber y a otras plataformas de servicio de vehículo privado como Cabify, Didi y Taxify, reconociendo los servicios de estas “empresas de transporte eficiente”. Para empezar, ni Uber ni Cabify son empresas de transporte eficiente ni deficiente, simplemente no son empresas de transporte, así de simple; son aplicaciones que coordinan a conductores y pasajeros de estos medios de movilidad urbana. No registran a conductores como taxistas, sino como vehículos de renta con conductor. Ahí está la diferencia.

Ahora bien, el criterio jurídico que ubica a Uber no fuera de la Ley, sino al margen de cualquier legislación, se ha respetado en México más que en otros países dizque democráticos. Alemania, por ejemplo, prohíbe el uso de Uber en todo su territorio (aunque con atenuantes como dejar en libertad a Uber Black, que utiliza los ya célebres coches negros de alta gama). En España, Telefónica bloquea “por sus pistolas” la web de Uber y la aplicación en los móviles de sus clientes (aunque, hasta donde entiendo, desbloquear esta app es tan sencillo como volver a darla de alta en Google Play o en App Store). En el fondo, se olvida que el mejor remedio gubernamental para acabar con el enredo de Uber y Cabify y Taxify, es no metiendo mano. Y es que si la revolución digital comienza a abrir otras oportunidades de calidad de vida, ¿por qué vamos a cerrarlas? El modelo de negocio en expansión denominado “economía compartida”, ha puesto patas arriba al mundo empresarial y acabará tarde o temprano con los sindicatos analógicos.

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